31 de octubre de 2009

Más intriga escandinava



Primero Mankell y luego Larsson han disparado el boom de la novela negra nórdica; en esta materia pasa como en los conjuntos de rock, la pintura moderna o los concursos televisivos: cuando se ponen de moda se abre la puerta y entran de todo tipo: buenos, malos y regulares. Por esta razón es bueno aprender a distinguir el grano de la paja, y hoy puedo hablar de dos novelas, ambas de autor sueco, que me han parecido francamente buenas.














"Nadie lo ha visto"
Mari Jungstedt

Maeva. Madrid (2009)
262 páginas

La idílica isla sueca de Gotland se prepara para la temporada turística. Como cada año, Helena, que ahora reside en Estocolmo, vuelve a la isla y celebra con sus amigos el inicio del verano. Pero el buen ambiente que se respira durante la fiesta se acaba de pronto cuando Per, el novio de Helena, tiene un ataque de celos y reacciona de forma violenta. A la mañana siguiente, la joven sale a pasear con su perro por la playa para reflexionar sobre lo ocurrido y desaparece en la densa niebla. Cuando un vecino descubre su cadáver desnudo y gravemente mutilado, las sospechas recaen inmediatamente sobre Per. Pero algunos días más tarde aparece muerta Frida, una compañera de colegio de Helena, que ha sido asesinada en circunstancias similares. El seguimiento del caso por parte de los medios de comunicación es enorme y el pánico se apodera del pueblo. El comisario de la policía judicial, Anders Knutas, está convencido de que el autor del crimen es un peligroso asesino en serie, que no dudará en atacar de nuevo. En su acelerada investigación contará con la colaboración no siempre deseada del inquieto periodista Johan Berg.

La editorial Maeva ya había dado su particular "pelotazo" en el tema con los libros de Camilla Lackberg y entiendo que ha reforzado su prestigio con la primera entrega de esta serie protagonizada por el comisario Anders Knutas de la que ya está en las librerías el segundo volumen, "Nadie lo ha oído", título que tras leer en la contraportada que hay cinco publicados hace sospechar que la cosa va en torno a los cinco sentidos.

La novela se lee muy bien y ésto ya es una virtud si hablamos en materia de intriga; es un libro ágil, entretenido y con una trama creíble y bien elaborada. Como en casi todas las obras de autores nórdicos, hay crímenes horribles, policías muy definidos y una investigación que busca más profundizar en las conductas humanas que mantener la intriga hasta el final. En estas novelas no suele haber sorpresas finales ni giros inesperados.

En "Nadie lo ha visto" Mari Jungstedt se detiene en temas colaterales de interés humanos, como las secuelas que dejan los traumas infantiles, las dificultades en las relaciones entre padres e hijos, con particular incidencia en el egoísmo de los mayores y las crisis matrimoniales y los amores imposibles de algunos protagonistas.

El único pero que le puedo poner a esta novela es que, desde mi punto de vista, el personaje protagonista, Anders Knutas, carece de la personalidad de otros como el Wallander de Mankell, el Sejer de Fossum o el Martin Berg de Sjöwall y Wahlöo. Pienso que está más conseguida la figura de Johan Berg, periodista de sucesos y auténtico coprotagonista con vocación de permanencia.

Los hechos se desarrollan en la isla sueca de Gotland, lo que suma interés a la lectura, pues se trata de un lugar paradisiaco donde acuden muchos suecos a pasar sus vacaciones y supone un plus cultural para el lector. Cabe añadir que estamos ante una forma de redactar elegante, carente de detalles morbosos y tremendamente delicada al tratar todos los temas.
















"La tosca red"
Hakan Nesser

RBA. Barcelona (2006)
301 páginas


En la húmeda y gris ciudad de Maardam, situada en algún lugar de Europa, el comisario Van Veeteren y sus hombres se enfrentan al caso Janek Mattias Mitter, un catedrático de instituto que no recuerda si ha matado a su esposa o no. Están muy lejos de sospechar el terrible drama que va a descubrirse durante la investigación. La tosca red es el comienzo de una serie de novelas sobre el comisario Van Veeteren y sus colegas en la Policía de Maardam.

Este libro es el primero de una serie de diez que protagoniza el inspector Van Veeteren, el cual ejerce su trabajo policial en la localidad imaginaria de Maardam, ubicada en cualquier caso en un país escandinavo. El libro se vendió en España en 2007, aunque su autoría se remonta a bastantes años antes. Recientemente RBA ha publicado la segunda entrega, "La mujer del lunar", algo que rompe la incertidumbre de saber si la serie tendría continuidad en España tras más de dos años de silencio editorial.

Empezaré diciendo que "La tosca red" se encuentra entre el elenco de novelas protagonizadas por inspectores nórdicos que, desde mi punto de vista, vale la pena leer. El personaje citado tiene fuerza y credibilidad y los problemas que nos plantea son los reales de la sociedad en la que actualmente vivimos.

El libro es duro y su protagonista un hombre de carne y hueso, pero no excesivamente humano, más bien duro y despiadado. Por eso, la lectura se hace en algún momento relativamente cruda, poco agradable.

Pero, por encima de todo, la intriga desarrollada está muy bien construida y a quienes nos gusta la novela policíaca escandinava no podemos prescindir de leer un libro con mucha menos extensión y pretensiones que los de "Millenium", pero mucho más real y creíble.


30 de octubre de 2009

El síndrome de Peter Pan



Recuerdo que cuando vivía en Tarragona había quien decía que yo tenía el síndrome de Peter Pan; no se si eso es bueno o malo, aunque las personas que me lo decían -abogados y abogadas de la zona- bien me consta que me tenían cariño. Bien claro tengo que también había algún personaje a quien le ponían nervioso estas cosas y me parece que la inmadurez no es en principio una condición ni deseable ni positiva. Pero no pretendo hablar de mí y, como ya he dicho tantas veces, tampoco busco ni sentar cátedra ni entrar en profundidades excesivas.

El psicólogo norteamericano Dan Kiley, gran estudioso del tema, definió a este síndrome como "el conjunto de rasgos que tiene aquella persona que no sabe o no puede renunciar a ser hijo para empezar a ser padre". Salta a la vista que "strictu sensu" el síndrome de Peter Pan no es algo bueno y quien lo padece tal vez convenga que acude al psicólogo o al psiquiatra. Ahora bien, a uno le preocupa tanto el que en ocasiones parezca que haya que nacer maduro como que perdamos radicalmente esas reminiscencias infantiles que nos hacen más humanos, más asequibles a los demás e incluso, posiblemente, mejores personas.

Entre otras cosas estamos ante un mandato evangélico: "Yo os aseguro: sino cambiáis y os hacéis como los niños, no entraréis en el Reino de los Cielos. Así pues, quien se haga pequeño como este niño, ése es el mayor en el Reino de los Cielos." (Mateo 18, 1-5.). De esta frase de Jesús de la que nos habla San Mateo se pueden sacar muchas consecuencias, cada cual puede aplicarse las que considere oportunas, aunque no es mi intención entrar hoy en este tipo de profundidades.

Emular a Peter Pan nos puede convenir, entre otras razones, para no perder ese punto de ingenuidad que tanto nos puede ayudar a sobrevivir. Uno agradece encontrarse con personas que miran de frente, que tienen una mirada de esas que te hacen pensar: "éste/ésta no me va a engañar", una sonrisa que no es "Profidén" sino sincera ... vamos, que es cierto que se alegra de verte. Bendita ingenuidad que nos vuelve humanos y nos quita el óxido del alma.

Y la ingenuidad lleva a la confianza, la del niño con sus padres, con sus amigos del alma, con ese profesor especial. En el devenir de cada día nos encontramos con demasiado resabiado y con algún que otro listillo, de manera que a veces parece que no hay relación profesional sin trampa ni posibilidad de entendimiento sin recovecos ni letra pequeña. Por eso añoro en ocasiones esa candidez propia de los infantes, para quienes lo negro es negro y lo blanco, blanco, y si alguien les da la mano están seguros de que la pueden coger sin miedo a trucos ni zancadillas. El personaje del cuento de hoy no entendía de maldades, dobles juegos ni trastiendas.

Otro aspecto por el que cabe ver luces en ese mundo de Peter Pan es la capacidad de tener ilusión; como cuando uno iba a jugar en el equipo de su colegio por vez primera o a ver una película de la que no ha parado de oír hablar bien (aún recuerdo el fenómeno "Mary Popins" de mi infancia) o le han dado una propina para ir las ferias con los amigos. Puede que de ésto andemos carentes en exceso, no se si por haberlo tenido todo desde el principio todo (en mi época era un acontecimiento la primera tele que entraba en casa), o porque nos falta empuje o nos sobra desolación.

Y esa capacidad de ilusionarse no se puede limitar a los grandes acontecimientos, a las empresas grandiosas; Peter Pan, como niño recalcitrante que era, se mostraba capaz de ilusionarse con la peladura de una mandarina. Ahí es donde cabe descubrir una ilusión sana, en las cosas de cada día, en los eventos más simples. Uno desearía andar por la vida con la sonrisa de oreja a oreja, sin aristas, sin doblez ni dolo, sin planteamientos cenizos.

Aunque, evidentemente, no estamos en el país de nunca jamás.




29 de octubre de 2009

"Una, dos y tres", Patxi Andión (1973)


En la España de finales del franquismo surgieron como setas los cantautores; cada uno tenía su estilo, pero entre ellos había muchas cosas en común: componían sus canciones, éstas tenían su buena parte de protesta social y ellos mismos aparecían como personas comprometidas, algo que frecuentemente les causaban no pocos problemas. Lluis Llach, Serrat, Manolo Díaz, Pablo Guerrero, Carlos Cano, Paco Ibáñez, Raimon, María del Mar Bonet, el mismo Labordeta, ... nombres que tienen protagonismo notable en un capítulo importante dé la historia de la música moderna española.

Uno de ellos era Patxi Andión, un personaje polifacético y que también trabajó en el cine, escribió libros, es profesor universitario y no hace mucho fue nombrado Director de la Escuela Española de Caza. Patxi nació en Madrid, aunque sus raíces son notoriamente vascas; fue un hombre comprometido con la izquierda: militó en el FRAP y se exilió en Francia, donde vivió con pasión el famoso mayo francés. Con el tiempo, como tantos otros, Patxi se adaptó perfectamente a las costumbres "burguesas", aunque ideológicamente siga instalado en sus convicciones de siempre. Andión se hizo famoso interpretando al "Che" en la opera-rock "Evita", un papel que le iba que ni pintado a un hombre a quien un crítico portugués definió una vez como "o homem que canta como um guerreiro".

"Una, dos y tres" es posiblemente su mayor éxito a nivel popular, una canción alegre, llena de ironía, matices y con un ritmo inconfundible. Me encanta también esa tiernísima colaboración con Mocedades en "Amor primero", pero he elegido ésta porque al menos a mí el nombre de este cantante va identificado al tema; ahora puede parecer una canción ingenua, sin fuerza o reiterativa, pero en su momento tuvo su éxito, su público y hasta su significado. El vídeo, por cierto, es todo un muestrario de peinados y modelos de la época francamente ilustrativo.


28 de octubre de 2009

Real como la vida misma




Generalmente un recibe una gran cantidad de material vía forward; primero fueron archivos en formato word, pero pronto pasó a ponerse de moda el power-point para imponerse finalmente los vídeos. Hay cosas divertidas, alguna que otra ordinariez y cierta tendencia a historietas cursis y pastelonas, aderezadas con un lenguaje empalagoso cuando tienen su origen en países de allende el Atlántico. Pero de vez en cuando te llega algo que te hace pensar; es lo que me ocurrió el otro día con el vídeo que hoy comparto con todos. No deja de ser una historieta sencilla, pero al verlo no me cupo la menor duda de que me encontraba ante algo tremendamente real, ante un relato con moraleja, pero no superficial, sensiblona ni retorcida, sino algo que hace pensar. Y es que refleja una actitud egoísta y suficiente en la que se suele caer con mucha frecuencia. Yo, personalmente, me he visto reflejado en el vídeo. Y es que frecuentemente olvidamos de donde venimos y adonde vamos.

27 de octubre de 2009

El hombre que cubrió las espaldas del Rey



Ayer falleció en Madrid a la edad de 91 años Sabino Fernández Campo, quien fuera estrecho colaborador de S.M. el Rey desde 1977 hasta 1993, primero como Secretario de su Casa Real y desde 1990 como Jefe de la misma, si bien su cercanía a Juan Carlos I nunca ha desaparecido ya que al jubilarse fue nombrado consejero privado vitalicio del monarca. Posiblemente se trate de una persona que ha tenido una influencia en el devenir de los acontecimientos en España mucho mayor de la que externamente parece.

Sabino Fernández era Licenciado en Derecho y posteriormente ingresó en el Cuerpo Militar de Intervención, donde llegó a ser General Interventor, habiéndosele concedido el título honorífico de Teniente General. Se formó en el Industrial College de Estados Unidos y se diplomó en Economía de guerra. También hizo sus pinitos políticos, pues fue Subsecretario de Presidencia cuando el Ministro era Alfonso Osorio, en el primer Gobierno de la Monarquía que presidió Carlos Arias Navarro. No obstante, su popularidad se debe fundamentalmente a su tarea en la Casa del Rey, donde todos aseguran prestó importantes servicios a España.

Hace unos cuantos años leí el libro que publicó Manuel Soriano Álvarez en 1995, "Sabino Fernández Campo, la sombra del rey", editado por la Editorial "Temas de hoy" y allí descubrí a un personaje especial, un auténtico mago de la diplomacia, del protocolo y, de manera muy especial, del arte de influir sin que se note, de saber estar, de maniobrar desde la sombra. Fernández Campo era un personaje que podríamos llamar "florentino": elegante, discreto y experto en la conspiración. En el libro van apareciendo las distintas épocas y sucesos en las que Sabino ejercita esa especial tutela hacia el Rey en momentos complicados: el 23 de febrero, los problemas con Mario Conde, las relaciones con la Moncloa, ... y muy especialmente las difíciles épocas de la transición y de los primeros pasos de la democracia en los que este asturiano callado y poco amante de figurar guardó el sueño y la imagen del monarca.

Toda persona que ocupa un cargo de especial responsabilidad necesita una persona al lado que le preste esos servicios para los que no está capacitado cualquiera. Si el Rey necesita un médico especialista, un ingeniero nuclear o un asesor literario, nadie duda que se encuentra en condiciones de conseguir los servicios de los mejores en su puesto, pero no es tan fácil encontrar quien le aconseje sobre imagen y decisiones, quien se entere de lo que se dice a sus espaldas, quien tenga la habilidad de poner a cada uno en su sitio, quien sepa prepararlo todo para que los éxitos sean del otro y los fracasos propios. Por eso Sabino ha sido importante, porque independientemente de la opinión de cada uno sobre la institución monárquica y de las más o menos acertadas intervenciones de quien ostenta su máxima representación, a mí me da la impresión de que los mejores años de la Monarquía española coinciden con los de influencia del servidor hoy desaparecido.

Sabino supo estar en su sitio y mientras tenía poder e influencia supo administrarlo sin que se notara, en un segundo plano, sabiendo en cada momento lo que tenía que hacer, como cuando el 23 de febrero de 1981, con la democracia, recién instaurada, en cuarentena, supo pararle los pies a la ambición sediciosa del General Armada con ese "ni está ni se le espera". Y cuando por mor de la edad pasó a un segundo plano, supo no sucumbir a las tentaciones del estrellato mediático y del fácil y económicamente productivo recurso a las Memorias escandalosas y desleales al que han acudido otros.



25 de octubre de 2009

La ley del silencio (1954)

La vida de los estibadores de los muelles neoyorquinos es controlada por un mafioso llamado Johnny Friendly. Terry Malloy, ex-boxeador a sueldo, que trabaja para él, es testigo y autor indirecto de alguna de sus fechorías. Cuando conoce a Edie Doyle, hemana de una víctima de Friendly, Terry se arrepiente, y comienza a sentirse culpable de la vida que lleva. Ella le presenta al padre Barrie, quien le anima para que acuda a los tribunales y cuente todo lo que sabe.

Ya he contado en otras ocasiones que no soy un cinéfilo y, por lo tanto, las películas me gustan un poco a trompicones; por este foro aparecen de vez en cuando personajes como Tommy, Alberto o Suso que me consta sí entienden de cine y nos podrían referir con más precisión cuando una película es entretenida, cuando es interesante y cuando es, real y verdaderamente, una joya del cine. Yo me limito a colgar por aquí aquellas que en su momento me dejaron cierta huella. Por esta razón al hablar, por ejemplo, del director estadounidense de origen griego Elia Kazan me faltan conocimientos para valorar su calidad profesional y solamente puedo decir que hay un póker de películas suyas a las que calificaría con la máxima nota: Un tranvía llamado deseo", "Al este del edén", "Esplendor en la hierba" y "La ley del silencio".

"La ley del silencio" la he visto en varias ocasiones y estoy dispuesto a repetir. De entrada estamos ante un tema interesante, hay incluso quien habla de cierto toque de neorrelismo en la cinta basada en un guión de Budd Schulberg. Por otra parte hay una formidable puesta en escena, se entremezcla con la trama una bonita historia de amor y se crea una figura de héroe encarnada en un Marlon Brando del que se ha llegado a afirmar que realiza la mejor actuación de su carrera, que ya es decir. El gran actor de Omaha configura magistralmente el papel de Terry Malloy, un joven trabajador portuario que se ha dedicado al boxeo que decide jugarse el cuello enfrentándose al mafioso que controla el sindicato del puerto. Brando obtuvo su primer Oscar al mejor actor por está película -el otro se lod arían por "El Padrino I" (1972), aunque no fue el unico que dieron a este formidable film.

Efectivamente, la película de Kazan consiguió 8 estatuillas de las doce para que había sido nominado, entre ellas tres de las grandes: a la mejor película, al mejor director y al mejor actor principal. Además se llevó la de la mejor actriz de reparto (Eva Marie Saint), mejor argumento y guión, mejor montaje y mejor fotografía y mejor dirección artística en blanco y negro.

La película supuso la consagración de Eva Marie Saint, que supo llegar y besar el santo en su papel de chica guapa, valiente y enamorada; su carrera empezó muy fuerte al trabajar junto a Montgomery Clift y Elisabeth Taylor en "El árbol de la vida" (1956), junto a Cary Grant en el buen trabajo de Hitchcock "Con la muerte en los talones" y junto a Paul Newman en "Éxodo" (1960) no volvió a aparecer en películas destacables, salvo un papel secundario en la célebre "Titánic" (1996).

Pero esta película tiene otro aspecto destacable: la presencia de tres secundarios de primerísima fila que realizaron un trabajo de tal magnitud que los tres fueron nominados para el Oscar de esta categoría, aunque al final resultaron derrotados por Edmond O'Brian por su papel en "La condesa descalza". El primero de ellos es Lee J. Cobb, que borda el personaje de Johnny Friendly, el genuino villano de la trama; Cobb, que acabó trabajando en la serie televisiva "El Virginiano", cuenta en su carrera con miles de intervenciones inolvidables: "Doce hombres sin piedad" (1957), "Los hermanos Karamazov" (1968), con otra candidatura al Oscar, "La conquista del Oeste" (1962), ... Recientemente hablamos de Karl Malden, un actor de primerísimo nivel que encarna al personaje "bueno" del film, el Padre Barry y que falleció hace pocas fechas y no es menor el papel de Rod Steiger, quien encarna al hermano mafioso de Brando, Charles Malloy; quienes saben de ésto aseguran que Steiger era un fenómeno para encarnar a individuos duros y violentos, de manera que en la película "Al Capone" (1959) encarnó al mísmísimo líder mafioso, hizo de Napoleón en "Waterloo" (1970) y de Ponzio Pilatos en Jesús de Nazareth (1977); Steiger logró el Oscar al mejor actor en 1967 por "El calor de la noche".

La película no estuvo exenta de polémica: hay quien asegura que la obra sirvió para justificar la delación de Kazan, que había testimoniado extensamente frente al Comité de Actividades Antiamericanas dirigido por el senador McCarthy. En la época de la caza de brujas Kazan, que en su día había formado parte del Partido Comunista, se libró de las represalias al delatar a sus compañeros de profesión. De hecho los sindicatos portuarios que en la época estaban controlados por los obreros de izquierdas aparecen en la película bajo el mando de mafiosos, en una traslación que algunos consideran nada casual ni inocente.



Hay que añadir la preciosa música de Leonard Bernstein, y la magnifica fotografía de Boris Kaufman, que recrea perfectamente el ambiente de los suburbios neoyorkinos, que junto a todo lo dicho hacen que sea una película de visión obligada.




Plaza del Zocodover (Toledo)



Toledo es una demostración más de que en España hay lugares espectaculares, que si uno recorre nuestra geografía se encuentra "aquí y acullá" ciudades y pueblos donde abunda la belleza, donde el arte y la historia se juntan para completar conjuntos inolvidables que remueven la sensibilidad y reactivan el orgullo de haber nacido y vivir en tierras españolas.

He estado de jueves a domingo y Toledo y la verdad es que no he tenido apenas tiempo de darme una vuelta por esta ciudad en la que uno se encuentra con la historia de España en cada esquina; hablar de Toledo es hablar del Alcázar, del Museo de la Santa Cruz y de San Juan de los Reyes, del Barrio de la Reconquista.de la Casa del Greco y de la Ermita del Cristo de la Vega, que todos conocemos por la leyenda protagonizada por Diego Martínez e Inés de Vargas, inmortalizada por Zorrilla, del Cardenal Cisneros, del Río Tajo, verdadera alma de la ciudad, de los puentes de Alcántara y San Martín, de los cigarrales.esos cortijos que otrora la burguesía toledana como casas de recreo y hoy se han reconvertido en codiciados restaurantes; hablar de Toledo es hablar del acero de sus espadas, del queso manchego de los mazapanes; y, por supuesto, de Cervantes y el Quijote.

Pero he elegido la célebre Plaza de Zocodover como el sitio de referencia, el lugar a partir del cual uno se hace una idea de la idiosincrasia de esta ciudad por la que uno está todo el día subiendo y bajando. Zocodover es punto de encuentro del viajero, antiguo mercado árabe y centro de la vida toledana en la actualidad. Desde esta plaza se llega al Museo de Santa Cruz, y de esta plaza parten los caminos hacia el casco histórico, por la calle Comercio, que hace honor a su nombre, y también la bajada a la zona de La Vega. En este lugar se celebran los tradicionales mercados, como el célebre "Martes", llamado así por celebrarse en ese día de la semana. En otros tiempos la plaza fue centro de grandes corridas de toros, fiestas y macabras ejecuciones de la Inquisición. Durante la época musulmana era el antiguo zoco de ganado de Tolaitola, nombre que dieron a Toledo.

El diseño de este lugar como Plaza Mayor se debe al insigne arquitecto Juan de Herrera en tiempos de Felipe II. La plaza de Zocodover, que se arroga para sí la representatividad de la verdadera Plaza Mayor de Toledo, más modesta, irregular y destinada al mercado de diario, muestra tras muchos avatares, los sobrios pero recios pilares de los soportales, así como la nueva proporción y ritmo de los amplios y numerosos huecos abalconados de sus fachadas.






21 de octubre de 2009

Leo Beenhakker



Ahora cualquiera medianamente entendido en el fútbol sabe quien es Leo Beenhakker, pero en la primavera de 1981, cuando la directiva del Real Zaragoza que presidía Armando Sisqués, acuciada por la desastrosa marcha del equipo, ponía de patitas en la calle a Manolo Villanova, casi nadie en España sabía quien era ese holandés enjuto, melenudo, feo y con cara de golfo que comenzó a ocupar el banquillo del primer equipo de Aragón, y, todavía menos, ni el más forofo seguidor blanquillo podía imaginar que Beenhakker haría jugar al equipo como los mismos ángeles durante tres temporadas más.

No me quiero limitar a la trayectoria deportiva de Don Leo, pero no puedo dejar de recordar con nostalgia las tardes de fútbol espectacular que el Zaragoza ofreció a lo largo de las temporadas que van desde 1981 hasta 1984: primer toque, fútbol totalmente ofensivo, desmarques, movilidad y excelente trato al balón protagonizaron buena parte de los encuentros que disputó el equipo blanquillo bajo el mandato del espigado míster de los Países Bajos. Bajo su dirección el equipo maño practicó un fútbol de altura en el que sobresalía el mando en medio campo de dos jugadores de baja estatura física que eran unos auténticos gigantes en la creación: Juan Señor y Juan Alberto Barbas; Señor tocaba bien la pelota,era rápido, listo y habilidoso y poseía un disparo magnífico, mientras que el argentino, compañero de Maradona en la selección juvenil argentina campeona del mundo, trabajaba con perfección todas los aspectos que debe dominar un centrocampista, ambos marcaban además, una media de 7 u 8 goles por temporada, cifra muy respetable en un medio. Uno y otro contaban con la cooperación del trabajo incansable del actual secretario técnico del club,Pedro Herrera y del pulmón benasquino Paco Güerri. El fútbol que fabricaban los anteriores alimentaba la insaciabilidad goleadora de dos sudamericanos altos, delgados y rapidísimos: Raúl Amarilla y Jorge Valdano, que con el holandés se hincharon de obligar a los metas rivales a dirigirse cabizbajos al interior de su portería. Con Beenhakker, además, los defensas tenían permiso para atacar, algo de lo que se beneficiaron laterales ofensivos como Casuco y Rafa García Cortés, un ex-madridista que lanzaba unos libres directos impresionantes y dos centrales tan finos como Juan Morgado y Salva. El meta era Vitaller, un canterano ágil como un gato.

Pero por encima de la valía indiscutible de estos jugadores estaba la personalidad de Beenhakker; el Zaragoza jugaba al ataque por compromiso personal de éste, como filosofía propia de un hombre que creía en lo que hacía, que era valiente, que no se conformaba con ir tirando por la competición liguera. El Zaragoza, tras el fin de los zaraguayos y uno de esos malditos pasos por la 2ª división, llevaba varias temporadas anclado en la zona baja de la tabla, allí donde conviven el sufrimiento y la mediocridad, el peligro y la agonía; la llegada de Leo fue un brote de aire puro, el reencuentro de la afición zaragozana con el fútbol de alta escuela, la recuperación de un estilo que siempre ha estado presente en los grandes momentos blanquillos. Y pienso que todo esto se lo debimos en su día a un hombre tan peculiar como osado, tan ambicioso como idealista.

Este equipo tenía, eso sí, limitaciones: la apuesta ofensiva de Beenhakker dejaba demasiados agujeros y el Zaragoza acostumbraba a terminar los partidos con marcadores abultados que no siempre lo eran a su favor (inolvidable la eliminatoria con el Real Madrid en la efímera Copa de la Liga de 1983: 5-3 en La Romareda y 4-2 en el Bernabeu), a la vez que la corta plantilla de la que disponía Leo hacía que los jugadores llegaran con las piernas excesivamente pesadas al final de la temporada y el equipo se soliera desinflar; de hecho el Zaragoza no consiguió nunca con Beenhakker clasificarse para una competición europea, por mucho que lo rozara siempre.



De pié: Barbas, Casuco, Vitaller, Morgado, Zayas y Herrera.
Agachados: Latapia, Amarilla, Señor, Güerri y Valdano.


Aunque las frustraciones finales dejaran en su día un sabor algo amargo, los aficionados zaragocistas recordamos con nostalgia la época de Leo Beenhakker: en La Romareda disfrutamos como locos viendo un equipo que no paraba de atacar, que tenía al gol como obsesión y que contaba con jugadores que tocaban el balón con una maestría inaudita. Hubo partidos inolvidables, entre los que recuerdo un 3-2 a la Real Sociedad campeona de Liga, un 4-0 a Osasuna, un 4-1 al Valladolid, un 7-2 al Racing, un 5-0 al Betis, un 4-1 al Sporting y un 3-2 al Valencia. También fuera de casa se lograron gestas importantes, como dos triunfos seguidos en Mestalla, campo donde el Zaragoza nunca había logrado ganar, tres temporadas de imbatibilidad en el Camp Nou o brillantes victorias en el Sánchez Pizjuan, El Sardinero o La Rosaleda.

Beenhakker era una especie de romántico del fútbol: le importaba el espectáculo, quería que el espectador disfrutara. También con el Real Madrid, equipo al que entrenó luego y con el que ganó tres Ligas seguidas, Beenhakker dio espectáculo, pero ésto era mucho más fácil cuando se contaba en el equipo con gente como Butragueño, Hugo Sánchez, Michel, Martín Vázquez, Buyo, Camacho, Gordillo o Sanchís. El afán de fútbol ofensivo del holandés es algo que agradeceremos siempre quienes disfrutamos con el juego audaz, creativo y ambicioso, algo que choca tremendamente con la actual tendencia al cálculo, con el afán resultadista de tantos.

Pero Beenhakker era además un individuo original; no era el típico entrenador quejica y recuerdo perfectamente como tras un tropiezo del Zaragoza en La Romareda en el que había habido polémica arbitral, con acusaciones de público y prensa aragonesa de que el trencilla había perjudicado gravemente a los blanquillos, el holandés sorprendió a todos en la sala de prensa asegurando que los arbitrajes eran accidentales, que los errores son humanos y que eran los jugadores los que tenían que haber conseguido superar al rival marcando al menos un gol más que él.

Beenhakker era ocurrente en las entrevistas, dinámico en sus relaciones con los jugadores y exigente cuando pretendía que los directivos le facilitaran una plantilla a su medida; de esta manera el mister holandés borró del mapa a jugadores que hasta su llegada habían sido indiscutibles como Pedro Camus, un fornido central cántabro que tras cinco tempordas de titular indiscutible no volvió a jugar más acusado de no saber sacar el balón controlado y no parar de lanzar globos hacia adelante u Oñaederra, un tosco y luchador medio defensivo fichado del Athletic, muy del gusto de entrenadores modelo Maguregui, a quien también postergó por sus nulas condiciones técnicas. Don Leo, además,pasaba bastante de diplomacias y solía soltar sin anestesia previa sus opiniones futbolísticas.

En Zaragoza tuvo sus detractores; no es el entorno futbolístico zaragocista tendente a las unanimidades, posiblemente como en casi todas partes, y unos le recriminaban su poco practicismo futbolístico, otros una pretendida tendencia a no trabajar en exceso, e incluso hubo quienes le echaron en cara que contara poco con la cantera, algo que no acaba de ser del todo cierto, pues con él debutaron en el primer equipo jugadores como Rafa Latapia, Mariano Ayneto y Juan Carlos Justes.

Tras entrenar al Zaragoza Beenhakker ha tenido una dilatadísima carrera como entrenador y, además de la citada experiencia con el Madrid, en el que su única frustración fue no conseguir la Copa de Europa, entrenó en varias ocasiones a la selección Holadesa, así como al Ajax, al Grasshopper suizo, al América de México y a un buen número de selecciones: Arabia Saudita, Trinidad y Tobago y Polonia. Recientemente ha sido nombrado director técnico del Feyenoord de Rotterdam.

Es posible que en el palmarés de Don Leo, como le llamaban los de "Zaragoza Deportiva", haya más cantidad que calidad, pero yo siempre lo recordaré como el mister que hizo que mi equipo, por mucho que al final acabaramos siendo los más ricos del cementerio, fuera la admiración de los buenos paladares futbolísticos de España.


"Leonor de Aquitania", Regine Pernoud













"Leonor de Aquitania"
Regine Pernoud
Acantilado. Barcelona (2009)
336 páginas





Leonor de Aquitania (1124-1204), dos veces reina, madre y abuela de reyes y reinas de toda Europa, es uno de los personajes más influyentes y poderosos de su historia. Su extraordinaria formación, su habilidad e inteligencia, así como su belleza perenne, la convirtieron en una mujer excepcional que no dejó indiferente a ninguno de los cronistas, eclesiásticos o laicos que se relacionaron con ella. Régine Pernoud traza una biografía apasionante, pero contenidamente apasionada y reconocida como un texto de referencia, de una mujer que fue central en la historia europea.

Tengo clara conciencia de haber terminado de leer un libro extraordinario. Esta obra de la historiadora francesa Regine Pernoud, fallecida hace once años ha sido recientemente reeditado por "Acantilado", una editorial que está devolviendo a la actualidad a autores de la talla de Joseph Roth, G.K. Chesterton, Stefan Zweig, Friedrich Glauser y Nathaniel Hawthorne, entre muchos otros. Hacía años que perseguía conseguir esta obra, que llegué a tener en mis manos en la edición naranja de la mítica colección "Austral", pero hasta ahora no había conseguido leerlo. Puedo decir que no se trata de una simple biografía para pasar el tiempo, sino que estamos ante un libro de auténtica historia.

"Leonor de Aquitania" es, en primer lugar, una formidable disección de la personalidad de su protagonista, una mujer que tuvo una importancia capital en la historia de occidente durante el siglo XII e inicios del XIII y que fruto de su primera boda con el rey de Francia Luis VII y, tras anularse su matrimonio con éste, su posterior enlace con el Duque de Anjou, Enrique Plantagenet, que acabaría siendo coronado como rey de Inglaterra, tuvo un poder enorme y una influencia decisiva en el devenir de la historia europea la época. Pernoud trata de hacer justicia sobre la figura de una mujer a quien se colgaron excesivos e injustos sambenitos, a la vez que nos muestra su evolución, desde la frívola joven que casó con el heredero de la corona francesa hasta la madre responsable de diez hijos, poseedora de una cultura excepcional, protectora de artistas y trovadores y dotada de una enorme capacidad política.

Resalta Pernoud la fortaleza de Leonor, que tras vivir una época dorada en su matrimonio con Enrique II, es sometida a diez años de destierro por éste y posteriormente ve como sobrevive a nueve de sus diez hijos. Sus relaciones con su marido y sus hijos son buena parte de las razones que justifican su vida y su acción, algo que también reflejó magistralmente en su día Anthony Harvey en su película "El león en invierno" (1968), con magistrales interpretaciones de Peter O'Tooley Katherine Hepburn.

El libro es igualmente una certera galería de personajes, de manera que junto a la reina Leonor y sus regios consortes Luis VII de Francia y Enrique II de Inglaterra, aparecen un sinfín de figuras legendarias como sus hijos Enrique el Joven, Godofredo, Ricardo Corazón de León y Juan sin Tierra, todos ellos representados con magistrales trazos y siempre en relación a la figura de Leonor; igualmente se habla de otros personajes históricos como Thomas Beckett, Felipe Augusto de Francia, Arturo de Bretaña o Blanca de Castilla, entre muchos otros.

"Leonor de Aquitania" es, finalmente, un intento de presentar la Edad Media con más luz, como una época en la que también tenían cabida la cultura, la música y el arte, donde había más humanidad que la que a veces se ha dicho; es decir, Pernoud trata de impugnar la leyenda negra que pesa sobre el mundo medieval, la visión oscurantista y sesgada que se ha dado en muchas ocasiones. A este respecto la medievalista ya firmó un libro excelente sobre el tema titulado "¿Qué es la Edad Media?" y publicado por Magisterio Español hace más de 30 años. Regine Pernoud tiene otros libros muy recomendables: "Vida y muerte de Juana de Arco, testimonios del proceso de rehabilitación 1950-1956", "La Mujer en Tiempos de las Cruzadas", "Blanca de Castilla: La Gran Reina de la Europa Medieval" y "Eloisa y Abelardo", entre otros.


20 de octubre de 2009

Nicolau Casaús vs Joan Laporta














El F.C. Barcelona lleva dos años arrasando; quien me conoce bien sabe que no se trata precisamente del club de mis amores, pero lo cortés no quita lo valiente y hay que reconocer que está jugando como hace mucho tiempo no veía jugar a equipo alguno. El trabajo de Pep Guardiola, un hombre que he de confesar hace un año pensaba que estaba verde para dirigir a los culés, está siendo excepcional y ha conseguido un equipo mucho más competitivo y conjuntado que el Madrid de los nuevos galácticos del "emperador" Florentino. El gran mérito del Barça es el equilibrio, de manera que junto a estrellas de relumbrón como Thierry Henry, Ibrahimovic y Dani Alves, destacan jugadores de la casa como Víctor Valdés, Xavi Hernández -para mí el auténtico "number one"-, Sergi Busquets, Gerard Piqué y Carles Puyol, sin olvidar a Iniesta y Leo Messi, quienes no siendo catalanes son igualmente un producto de la Massía. Y si pensamos que en la despensa quedan grandes promesas como Pedro, Muniesa, Bojan y Jeffren, parece que tenemos hegemonía para rato.

Pero si acudimos a la cabeza visible del club, considero que en esta materia el equipo más representativo del Principado no juega precisamente en Liga de Campeones. Joan Laporta, desde que tomó las riendas del equipo ha destacado tanto por los éxitos deportivos conseguidos bajo su mandato como por arrastrar donde va la polémica y por haber politizado, desde mi punto de vista innecesariamente, el entorno del club. Son recientes las polémicas surgidas a raíz de las conversaciones desveladas por dos presidentes autonómicos: el cántabro Miguel Ángel Revilla, que puso de manifiesto como en el palco de "El Sardinero" Laporta se dedicó a meter cizaña política -es posible que Revilla también lo hiciera, no lo sé- mientras que el extremeño Guillermo Fernández Vara, culé confeso, aseguró que el presidente barcelonista, también por cuestiones políticas, le llegó a llamar imbécil en diez ocasiones en el transcurso de una conversación telefónica.

No voy a negarle méritos a Laporta: durante su mandato el Barça ha conseguido el doble de Copas de Europa que todos sus antecesores juntos, supo en su día construir un equipo que al mando de Rijkaard hizo un fútbol magnífico y tuvo el acierto de saber dar a tiempo un giro a los acontecimientos prescindiendo del holandés y de una serie de jugadores -Deco, Ronaldinho, ...- que estaban dinamitando el vestuario para terminar dando origen a un conjunto aún mejor. Y tampoco le voy a negar, faltaría más, el derecho a opinar como opina; pero pienso que con frecuencia saca los pies del tiesto y está haciendo oposiciones a que la enorme fuerza del equipo azulgrana, que se extiende mucho más allá de las fronteras de Cataluña -es sorprendente y admirable al amor a los colores de mucha gente de toda España y parte del extranjero- se debilite y haya quien comience a plantearse dejar de considerar al club que preside como algo propio.

Parece que Laporta ha entrado en la dinámica de ir por la vida como si fuera "el mejor", prácticamente "el único". Estoy leyendo un libro sobre las negociaciones posteriores a la I Guerra Mundial ("París, 1919, de Margaret MacMillan) en el que al hablar sobre los diferentes países afectados por el Tratado de Versalles, la autora pone en boca de no recuerdo quien la consideración de que si hubiera que hacer un libro sobre el elefante, los británicos se extenderían sobre el hábitat del elefante y la forma de cazarlo, los alemanes harían un tratado sobre la biología del animal, mientras que los polacos comenzarían su libro afirmando que "el elefante es una cuestión polaca", tengo que confesar que al leerlo pensé en Laporta, que, para más inri, comenzó su oposición a Josep Lluis Núñez con el famoso "elefant blau".

Los modos y formas del Sr. Laporta me traen a la memoria, por puro contraste, por simple oposición, al fallecido ex-vicepresidente azulgrana Nicolau Casaus, un auténtico caballero del deporte, posiblemente el mayor ejemplo de "fair-play" y elegancia deportiva que recuerdo en un dirigente del fútbol. Casaus fue barcelonista hasta la médula prácticamente desde el seno materno, ponía una pasión y un cariño a todo lo que se relacionaba con el club de La Masía realmente excepcional y llevó el barcelonismo por toda España con "seny" y con una categoría humana especial.

Recuerdo una anécdota de hará unos diez años; el Barça iba a jugar, creo recordar, frente al Oviedo en el Carlos Tartiere y su entrenador era el polémico e irritable Louis Van Gaal ("tú nunca positifo, siempre negatifo"); el sábado los jugadores barcelonistas, al mando del holandés, se entrenaban en el campo ovetense y en un extremo de éste unos aficionados "azulones" habían puesto una pancarta ofensiva contra el mister rival. En el "Lo que el ojo no ve" del programa "El día después", Michel Robinson y compañía sacaron el lunes siguiente las imágenes de Casaus atravesando a paso lento, propio de alguien de su edad, todo el campo hasta llegar a donde estaban los portadores de la pancarta a quienes, con exquisita educación y sin alzar en ningún momento la voz, rogó que retirarán el cartel alegando que esa semana había fallecido la madre de Van Gaal; evidentemente los aficionados ovetenses doblaron la sábana y pidiendo disculpas se retiraron hacia la salida del campo. Ese día Nicolau Casaus, que ya gozaba de mis simpatías, pasó a formar parte del elenco de las personas a quienes admiro; y es que el entonces vicepresidente blaugrana no hizo el esfuerzo de cruzar el campo y enfrentarse a quienes ignoraba como reaccionarían para defender unos colores futbolísticos, sino para intentar facilitar el trabajo y la serenidad a quien había sufrido una pérdida irreparable: se mostró como un ser humano, no como un "forofo".

El viejo Casaus, un personaje tal vez algo estrafalario -encantadora y admirablemente estrafalario en cualquier caso-, le hizo al F.C. Barcelona multitud de favores, generalmente mucho más allá de cuestiones meramente deportivas o económicas. Y posiblemente, no tengo ni idea, Casaus, que había nacido en la ciudad argentina de Mendoza, tuviera unas ideas políticas similares a las de Laporta, pero nunca necesitó pregonarlas para hacer barcelonismo.


18 de octubre de 2009

También murió Basilio



Parece que esta semana se acumulan los obituarios, pero de éste no podía prescindir. La verdad es que no me había enterado del fallecimiento del cantante panameño, ocurrido en Miami el pasado 11 de octubre como consecuencia de una bronconeumoníaa la edad de 62 años. Hace muchos años que no sabía nada de Basilio, pero sus canciones no ha volado de mi recuerdo.

Basilio fue un cantante de color que tuvo su éxito y su público entre los finales de los 60 y prácticamente toda la década de los 70. Recuerdo que el hombre tenía mucho ritmo y se contoneaba bastante mientras interpretaba sus canciones. Era un cantante dedicado a la melodía: sus canciones eran dulzonas, suaves y solían hablar de amor. Al parecer Basilio quería ser médico, pero dos compositores "clásicos" de la época, Pablo Herrero y José Luis Armenteros, que habían formado parte de Los Relámpagos e impulsado carreras como las de Fórmula V y Nino Bravo, le introdujeron el gusanillo de la música. El País nos recuerda una frase significativa del cantante: "Mientras puedas conseguir canciones bellas, melodías lindas y conservar una buena voz, no necesitas más nada, porque el amor siempre existirá".

La verdad es que no sería capaz de reconstruir la historia profesional del panameño, pero la que existe en mi recuerdo tiene dos "momentos cumbre"; el primero es su triunfo en el concurso de TVE "Canción-71", un remedo de la "Canzoníssima" de la RAI que presentaban Joaquín Prat y Laura Valenzuela -luego Marisol González- que solamente duró un año y en el que Basilio se hizocon el triunfo final con una canción llamada "Tierras lejanas"; a la finalísima llegaron seis cantantes entre los que recuerdo a Pino Donaggio, que luego ha hecho fortuna y creado escuela como autor de bandas sonoras, Luis Gardey, un "cursi" de la época y Daniel Velázquez, uno de esos jovencitos con melena estilo Camilo Sexto que tanto gustaban a las chicas de entonces. El otro momento estelar, en mi opinión, lo constituyó su éxito con la canción "Cisne cuello", compuesta por otro maestro del momento, Manuel Alejandro, y con una letra claramente contraria al racismo: "No hay un cielo negro y un cielo blanco y un cielo blanco / Hay un cielo inmenso para mirarlo, para mirarlo".

Basilio también intentó representar a España a Eurovisión en el certamen preliminar celebrado en 1970 en el que arrasó Julio Iglesias con "Gwendolyne", quedando Basilio en segundo lugar con "Jamás la olvidaré", que también interpretaban "Voces Amigas". Pero Basilio tenía otras canciones bien bonitas, una de ellas era "No digas adiós", una balada romántica del todo que la escuché por vez primera a un compañero de 2º de bachillerato; "vivir lo nuestro"era otro tema cargado de romanticismo, sin olvidar canciones que sonaron mucho en suépoca como "El primer amor", "El tiempo vuela", "Oh Señor", con la que representó a Panamá en el Festival dela OTI en 1972 y "Vé con él".









17 de octubre de 2009

El mundo del deporte conmocionado por la muerte de Andrés Montes



De pura casualidad me enteré anoche del inesperado y repentino fallecimiento de Andrés Montes. Uno se resiste a acostumbrarse a la desaparición de las personas conocidas, especialmente cuando el evento llega sin avisar, pero como decía ese libro de nuestra adolescencia, si una cosa sabemos es que la muerte está en el camino.

Andrés Montes nos hizo disfrutar con sus retransmisiones en la SEXTA, con esa forma distinta de leer y narrar los partidos: expresiones como el "tiki-taka", "el futbol con fatatas" y "la vida puede ser maravillosa" se volvieron familiares para todos losfutboleros; igualmente puso apodos a los futbolistas, desde el Humphrey Borgart dedicado a Xavi, hasta el Sweet Iniesta, pasando por el Decodificador Deco o Tom Cruise Raúl, por no hablar del "Mister Gayumbos" referido al sueco del Arsenal Ljumberg.

Pero lo que a lo mejor no sabe todo el mundo es que la especialidad de Montes era el básquet y que los grandes "psicópatas" de la NBA han disfrutado como locos con las retransmisiones a horas intempestivas de los grandes acontecimientos del mayor espectáculo del mundo baloncestista. El País nos habla hoy de su creatividad como locutor de basquet: "ET le llamó a Pau Gasol, Mi nombre es James decía cuando se trataba de LeBron James, "¡Oh, la la!" exclamaba cuando la tocaba Tony Parker... y así hasta llegar a uno de los últimos, Ricky Business, Ricky Rubio, claro está.". Junto a Juanma López Iturriaga y Juanito de la Cruz, dos auténticos iconos para los seguidores de mi generación, formó un equipo irrepetible que retransmitió la gran hazaña de la selección española en el 2006, el citado diario recogía el comentario de Iturriaga en relación a que dos de las cuatro fases de su vida eran "antes de conocer a Andrés Montes" y "después de conocer a Andrés Montes".

Gracias Andrés por hacernos la vida maravillosa.


16 de octubre de 2009

Los papeles perdidos del Pelusa



Hace ya mucho tiempo que Diego Armando Maradona perdió el norte; fue un futbolista genial, posiblemente haya que incluirlo en el repóker de los mejores jugadores de la historia junto a Alfredo Di Estéfano, Pelé, Joahan Cruyff y Zinedine Zidane, pero da la impresión de que la fama le viene desbordando desde el primer momento. En el Barça, su primer club en Europa, anduvo a la par en éxitos y conflictos y Josep Lluis Núñez se lo quitó de encima en cuanto pudo, consiguiendo hacer un buen negocio con su venta millonaria al Nápoles, a la vez que prescindía de un hombre que le estaba dinamitando el vestuario. En Italia logró convertir a un equipo del montón en un gallito del Calcio, llevándole a la consecución de dos scudettos y una Copa de la UEFA, aunque su trayectoria en la ciudad napolitana estuvo también marcada por las relaciones tormentosas y el consumo de cocaína.

Con la selección argentina tampoco el Pelusa logró convertir su currículum en modélico, pues a la vez que resultaba fundamental para que Argentina obtuviera su tercer Mundial en Méjico-86, daba positivo en el control antidoping del siguiente campeonato, disputado en Italia. Desde entonces la carrera de Maradona se ha convertido en una polémica permanente, con un arraigado riesgo de caer definitivamente por el precipicio de la vida.

Recientemente Dieguito fue nombrado seleccionador de su país; bajo su mando la carrera de la albiazul en la clasificación para el Campeonato del Mundo de Sudáfrica ha sido un calvario para los seguidores argentinos. Maradona llegó como una especie de Mesías futbolístico, pero ha contado casi todos los partidos que ha dirigido a la selección por una rotunda decepción. Al final el histórico combinado bicolor ha conseguido entrar prácticamente por la gatera al vencer a Uruguay (0-1) en la repesca. Muchos pensamos que el antaño fenómeno de la cancha no es el hombre adecuado para reeditar los éxitos de la escuadra argentina desde fuera del rectángulo de juego, aunque doctores tiene la Iglesia, directivos la FAF para decidir y tiempo el Pelusa para quitarnos la razón.

Pero lo que más criticable me parece es la forma de reaccionar del pibe; nunca ha reconocido sus errores, ha actuado siempre con agresividad desproporcionada y una altivez asombrosa y se ha dedicado a repetir descalificaciones, amenazas y excusas carentes de credibilidad.

En este sentido se puede incluir su reacción al comparecer ante los medios informativos tras la pírrica victoria ante Uruguay que llevó a su selección al Mundial: "A los que no creían, con perdón de las damas, que la chupen, que la sigan chupando. Yo soy o blanco o negro. Gris no voy a ser en mi vida. Ustedes me trataron como me trataron, sigan mamando"; toda una exhibición de mesura, humildad y elegancia. Humanamente uno puede entender la búsqueda de desahogo tras muchas semanas de tensión y ansiedad, así como que el hombre esté sensibilizado ante unas críticas que en algún momento pudieron ser excesivas, pero semejante agresividad y semejantes expresiones no son de recibo en ningún caso y sólo acreditan que hay alguien que ha perdido definitivamente los papeles, que no merece ocupar puestos de responsabilidad y representación y que hace tiempo que ha dejado de ser paradigma de nada.

Los grandes deportistas, y es evidente que Diego Armando Maradona lo ha sido, deben de ser, por encima de todo, un ejemplo para el resto de los humanos y salta a la vista que el argentino está a años luz de serlo. Ah¡ ... y si ha decidido ejercer de grosero y soez, que no pida perdón solamente a las damas.


15 de octubre de 2009

Un momento "Fantoba"



Con cierta frecuencia -entre una y tres veces al año- un par de amigos de Tarragona se presentan, unas veces los dos juntos, otras en visitas individuales, en Huesca o Zaragoza para pasar unas horas juntas; en tales ocasiones ni arreglamos el mundo ni tratamos de temas excesivamente trascendentes, pero siempre constituyen una ocasión de cultivar una amistad que es auténtica: algo que existe y que ya de por sí justifica un encuentro, una compañía, un rato de felicidad, de estar a gusto.

Es también la ocasión de compartir una buena pitanza: la ocasión lo merece y no se trata de ser cicatero; así vamos recorriendo los restaurantes de prestigio, algo en lo que por cierto pienso que Huesca va por delante. El resto del tiempo lo llenamos con ejercicios tan enriquecedores como la conversación y el paseo, la visita larga y "estudiosa" de alguna librería, una copa que ayude a la digestión y alguna otra actividad, pues siempre surge la oportunidad de algo sencillo y atractivo que cabe aprovechar.

En los primeros días del pasado mes de agosto tocó encuentro en Zaragoza; la comida la hicimos en la "Bal d'Onsera", restaurante que ha sido "bendecido" recientemente con la estrella "Michelín", convirtiéndose en el primero que la tiene en la capital aragonesa; la comida no está mal, aunque uno siempre espera más de establecimientos con esos atributos. Y después de comer tuvimos una ocurrencia y nos fuimos a tomar el postre a "Fantoba".

"Fantoba" es una pastelería de siempre, ubicada en la céntrica calle Don Jaime de Zaragoza y bautizada con el sobrenombre de "La flor del almíbar", toda una declaración de intenciones. Tanto el escaparate, una permanente incitación a desatar el apetito, como el interior presentan un muestrario de delicias difícil de mejorar, una auténtica exhibición de las maravillas del mundo en reposterías. Hay muchos establecimientos del ramo capaces de ofrecer productos estupendos, pero uno siempre es capaz de distinguir donde se llega a la excelencia, donde se impone la exquisitez, la calidad. Entrar en "Fantoba" es intorducirse en un mundo cercano a la fantasía, casi como un cuento de Hans Christian Andersen, Charles Perrault o los Hermanos Grimm. Desde la repostería fina, con los pequeños tocinillos del cielo, las bolas de chocolate y los pastelitos de moka hasta los turrones clásicos de Jijona y Alicante, pasando por pasteles borrachos, las especialidades de la tierra -frutas de Aragón, guirlaches y guindas al marrasquino-, tartas de todo tipo, selva negra, capuchina, sacher y de manzana, frutas escarchadas, yemas y mazapanes, esos brazos de gitano rellenos de chocolate o crema, los bocaditos de nata, bombones de licor, trufas y almendras garrapiñadas, ciruelas confitadas, pastel ruso y trenzas de Almudévar, delicatessen en estado puro como el marrón glacé, los huesos de santo o el tiramisú, bizcochos, confituras, mermeladas, merengues sufflés, cakes y galletas ... En "Fantoba", si llevas dinero eso sí, solamente tienes un problema, aunque es gordo: hay que elegir, y resulta muy difícil, casi heróico, descartar.

Tengo que reconocer que no recuerdo qué elegimos cada uno, solamente que fueron unos minutos especiales, un momento de esos que, con toda su intrascendencia, uno grabaría para visionarlo con frecuencia. Uno de mis amigos, tendente a la circunspección y a los modos clásicos era partidario de consumar el atrevimiento en el interior de la tienda, el otro y yo, quizá más "inconscientes" iniciábamos la salida para airear por la rue nuestra glotonería; al final venció el estilo tradicional y nos acabamos el producto en el interior de una tienda bien cuidada, con una dependienta perfectamente instruida en la buena atención al cliente y de aspecto bien agradable, rodeados del abolengo y el estilo que ha perdurado con el paso de los años. Pero, por encima de todo, disfrutamos de la compañía, supimos aprovechar el momento, extendimos un concepto de amistad en estado puro que también incluye, ¿por qué no? estas frivolidades.



14 de octubre de 2009

"Motín en la Bounty", John Boyne











"Motín en la Bounty"
John Boyne
Salamandra, Barcelona (2008)
471 páginas

Instalado en los últimos compases de su vida, el capitán Turnstile rememora los extraordinarios acontecimientos que dieron inicio a su larga y fructífera carrera de marino. A sus catorce años, de padres desconocidos, John Jacob Turnstile es un chico alegre y vivaz que se gana el sustento de forma no muy honrosa por las calles y mercados de Portsmouth. Justo cuando está a punto de dar con sus huesos en la cárcel, surge una última tabla de salvación: embarcar como ayuda de cámara del capitán en un navío destinado a una importantísima y exótica misión. El capitán es William Bligh, la nave es la fragata HMS Bounty y el destino, Tahití.

Este libro es el segundo que se publica en nuestro país por el autor del "Niño del pijama a rayas", y puede que sea éste su primer problema; la calidad y, por encima de todo, el enorme éxito de la breve primera publicación de Boyne le ha puesto el listón muy alto, tal vez por esta razón esta, en mi opinión, excelente novela de aventuras no ha tenido un éxito excesivo.

Leyendo "Motín en la Bounty" he regresado a las viejas novelas de aventuras, a esa época infantil en la que pasaban por las manos de los adolescentes de mi época las obras de Robert L. Stevenson, Walter Scott o Emilio Salgari, entre muchos otros. Son libros con unos argumentos que te cogen la atención, que sirven para desintoxicarte, de esos a los que acudes como recurso para descansar. El ambiente del barco, los aires del Pacífico, las islas tropicales llenas de salvajes, ... son escenario atrayente para cualquier libro de este tipo.

Pero además de aventuras, el libro de Boyne tiene una buena descripción de ambientes y personajes; junto al joven Turnstile, ideado por el autor y que relata los hechos en primera persona, aparece el capitán William Bligh como una figura llena de contrastes, en el que se muestran con la misma intensidad sus notables honestidad y sentido del deber como su visceralidad y tendencia depresiva. Junto a ellos Boyne nos muestra el dandismo del rebelde Fletcher Christian, la lealtad del maltratado oficial Fryer la las peculiaridades del resto de participantes en la aventura de la Bounty.

El libro tiene el atractivo añadido de estar tratando de un hecho histórico, un motín que ocurrió realmente, lo que supone añadir un poso de conocimientos históricos, por mucho que estemos hablando de una simple versión literaria. De cualquier manera, la peculiariedad del libro de John Boyne se encuentra en que se produce una inversión de los papeles de héroe y villano, pues hasta ahora, versiones cinematográficas incluidas, se nos presentaba al capitán Bligh como un tirano insoportable, mientras la medalla de héroe recaía en su rival, el oficial Christian a quien el libro muestra como un personaje impresentable.

La lectura del libro del autor irlandés me ha revitalizado el interés por las películas que sobre esta historia se ha hecho: en 1935, con dirección de Frank Lloyd y protagonizada por Charles Laughton y Clark Gable, en 1962, en la que Lewis Milestone dirige a Marlon Brando y Trevor Howard y en 1984, con Anthony Hopkins y Mel Gibson como protagonistas en una producción que tiene a Roger Donaldson al frente. No cabe duda que los duelos que enfrentan a Bligh y a Christian fueron encomendados a actores de primer nivel, aunque si tengo que elegir pienso que un enfrentamiento entre Laughton y Gable no puede tener rival.








12 de octubre de 2009

Falleció Luis Aguilé



El pasado sábado falleció, víctima de un cáncer, Luis Aguilé; a veces te enteras de cosas de la gente precisamente cuando se mueren, de esta manera hoy he sabido que su verdadero nombre era Luis María Aguilella. Luis Aguilé era argentino, por lo que en el espacio de una semana el país de la Pampa ha perdido a dos de sus cantantes más famosos, aunque posiblemente en su nacionalidad es donde empieza y acaba cualquier parecido entre estos cantantes. Luis Aguilé no parece que fuera la quinta esencia de la calidad musical, pero creo que es indudable que tuvo su público y sus momentos de éxito en nuestro país.

Recuerdo a Luis Aguilé como un argentino con aire porteño y con el estilo propio de los de su tierra; cantaba frecuentemente con un sombrerito muy característico y siempre con unas corbatas llamativas y normalmente amplias; también destacaba por una importante verborrea: hablaba con soltura y apresuradamente. Mediados los años 60 le recuerdo en programas nocturnos de la tele ("Amigos del lunes" y "Gran parada") en los que se alternaba la música con el humor; recuerdo que en una ocasión el programa terminaba con la inesperada irrupción de unos policías en el escenario, algo que yo, en mi infantil ingenuidad, creí a pies juntillas que era real. En esos programas escuché por vez primera una canción que se repetía en aquella época por todos los lados: "Juanita Banana", un tema hilarante y bastante ridículo que solía escuchar en el autobús del colegio cuando hacía 3º de primaria.

Mas adelante Aguilé volvió a ser la estrella de otros programas televisivos: Llegada Internacional, entre 1973 y 1974 y "El hotel de las mil y una estrellas"; del primero recuerdo que repetía hasta la saciedad dos canciones "super-pegadizas": "Camina, camina" y "La vida pasa felizmente", dos temas que definen perfectamente lo que podríamos llamar el estilo Aguilé. Su segundo programa fue un rotundo fracaso y solamente duró dos meses: desde el 8 de diciembre de 1978 hasta el 9 de febrero siguiente.

Luis Aguilé tuvo otras canciones que dieron la vuelta al mapa peninsular y a la América de habla hispana: "Lo importante es la rosa" -versión del tema de Gilbert Becaud-, "Con amor o sin amor", "Ven a mi casa esta Navidad", "Dile", ... sin olvidar sus peculiares versiones de temas de siempre como "Cuando calienta el sol", "Embustero y bailarín", "El preso número 9", "Serafino" o "Un mechón de su cabello".

Pero si tuviera que elegir una siempre me quedaría con "Cuando salí de Cuba", un tema que canta con gran elegancia y que está subida desde hace mucho tiempo a la carroza de las canciones de ayer, de hoy y de siempre. Junto a ellas he seleccionado "El tío Calambres", con un vídeo muy significativo de lo que era Aguilé -comprobar su cháchara inicial- y la televisión de entonces: no hay más que ver la presencia de Joaquín Prat y Laura Valenzuela en "Galas del sábado", y "La Chatunga", una canción compuesta por Marisa Simó.






Fiesta grande en Zaragoza




Muchas felicidades a todas aquellas que se llaman Pilar, felicidades a todos mis paisanos de Zaragoza y felicidades a todo aquél y a toda aquélla que, por una razón u otra, hoy sienten algo muy especial.


Bendita y alabada sea la hora en que María Santísima
vino en carne mortal a Zaragoza. Por siempre sea
bendita y alabada.







9 de octubre de 2009

Caipirinha




La caipiriña (en portugués caipirinha) es un cóctel de Brasil consistente de cachaza o cachaça, lima, azúcar y hielo; se suele presentar con pajitas, ya que el secreto de la caipirinha está en beber el líquido de la parte inferior del recipiente, pues todo el jugo de la lima y el azúcar se sitúa al fondo y poco a poco se va mezclando con la cachaça. Beber sin pajita no es recomendable, pues el sabor no es el mismo, arriba queda toda la cachaça sin diluir y está bastante fuerte.

Cuando hace calor es uno de las mejores maneras de paliar el agobio que éste suele traer consigo, tratándose además de una de esas bebidas que sólo con verlas uno empieza a sentirse aliviado: entra por los ojos. La semana pasada, cuando en Copenhague, ante la decepción de los partidarios de la candidatura de Madrid, se nombraba a Río de Janeiro como ciudad organizadora de los Juegos Olímpicos de 2016, los cronistas cuentan que en todo Brasil se celebró el acontecimiento con samba y caipirinha ... podíamos haber bañado también así nuestra desilusión.






8 de octubre de 2009

La unión hace la fuerza



Siempre he defendido las ventajas de viajar en bus;a partir de ahora cuando monte en los vehículos de "ALOSA" me sentiré más solidario con mis compañeros de viaje, aunque me costará no contemplarlos como pinguinos.

7 de octubre de 2009

El día de la marmota



El Día de la marmota es una fiesta o costumbre tradicional (en inglés, Groundhog Day) que, entre otros lugares, se celebra en el pueblo de Punxsutawney, sito en el Estado de Pennsylvania, una pequeña población en la que cada 2 de febrero se intenta predecir la duración del invierno por el comportamiento de una marmota, la famosa marmota Phil. Este evento ha quedado inmortalizado por la película "Atrapado en el tiempo" (1993), un film dirigido por Harold Ramis y que protagonizaron con singular éxito Bill Murray y Andie MacDowell. En dicha cinta, un comedia imponente, el personaje que borda Bill Murray repite cada mañana el mismo día.

Al cabo de los años, y no voy a decir que tengo muchos porque ya se me han enfadado varios, uno se empieza a sentir con frecuencia desempeñando el mismo papel que el genial actor de Illinois. Y es que las cosas de la vida, por llamarlas de alguna manera, consiguen con frecuencia que reiteres vivencias ya experimentadas, que contemples, cada vez menos asombrado, como unos y otros tropiezan -tropezamos- una y otra vez en la misma piedra, que cuando escuchas a políticos y algún otro no político vuelvas a oír las mismas promesas, los mismos reproches y las mismas excusas de siempre.

Es verdad que al cabo de 50 años han cambiado muchas cosas, en España y en el mundo; muchos de esos cambios han sido positivos, mientras la bondad de otros es más discutible. Eso sí, los ciudadanos nos hemos ido acostumbrando a todo y asimilando la notable evolución de la sociedad, en ocasiones con excesiva facilidad, como anestesiados, sin capacidad de crítica ni reacción. Pero la condición humana permanece, en nuestras reacciones, nuestras miserias, nuestras tendencias y nuestras obsesiones nos seguimos pareciendo a nuestros ancestros.

Ese día de la marmota lo podemos vivir cada mañana, cuando escuchamos la radio, cuando salimos a la calle y nos cruzamos con los de siempre, cuando pasan sábados y domingos y uno se ha sometido a una rutina que los hace iguales. La marmota vuelve a aparecer cuando, como hace cuarenta años, los padres no consiguen entender el organigrama educativo de sus hijos, cuando nos quejamos de la tele, de cómo está la vivienda y del precio del pan, cuando leemos la prensa y no sabemos si estamos en Hiroshima, mayo del 68 o en la guerra fría, cuando en la época de internet y el imperio de las comunicaciones ninguna noticia corre tan deprisa como la que difunden el boca a boca y el cotilleo.

Hay una marmota genérica contra la que no podemos luchar, una reiteración de sucedidos, de modos de ser y actuar, de noticias que ocurrían en tiempos de nuestros abuelos y siguen como si tal cosa, pero cada uno tenemos nuestra marmota personal, esas rutinas que podemos modificar, una rebeldía ante lo que no mejora, una capacidad de compromiso para cambiar las cosas. Y es que no deja de ser un reto sobreponernos a la marmota que llevamos dentro.


6 de octubre de 2009

Las cuentas pendientes de Polanski



El director de cine francés, aunque de origen polaco, Roman Polanski fue detenido la pasada semana en Suiza por causa de una vieja orden de busca y captura de la Justicia norteamericana motivada por una proceso que el cineasta tiene pendiente en ese país. En 1977, a los 43 años, Polanski se vio involucrado en un escándalo junto a Samantha Gailey, de 13 años de edad, según ésta Polanski le llevó a la casa que tiene Jack Nicholson en Mulholland Drive con la excusa de fotografiarla para la revista Vogue; Gailey declaró que Polanski le dio champán y metacualona, le tomó fotos en top-less y después le llevó a un jacuzzi, donde la violó a pesar de su expresa resistencia. Polanski fue acusado de violación a una menor tras el uso de drogas, perversión y sodomía a una menor, así como por administración de drogas a una menor de catorce años, cargos que fueron atenuados bajo los términos de su "plea bargain", una negociación en el sistema jurídico estadounidense entre el fiscal y el acusado por la que aquél accede a limitar sus acusaciones o las penas si el acusado se reconoce admite ciertos hechos, declarándose culpable del cargo de tener relaciones sexuales ilícitas con una menor.

El responsable de cintas tan brillantes como "Chinatown" o "El pianista" acabó burlando la condena impuesta al fijar su residencia en París y ampararse en su nacionalidad francesa. Creo recordar que ya evitó asistir a la entrega de los Oscar del 2002, donde recibió el máximo galardón por "El pianista", para evitar problemas con la policía yankee.

Más de 700 personalidades, 138 de ellas del mundo del cine, han firmado una petición internacional que reclama la liberación del cineasta franco-polaco; Woody Allen, Pedro Almodóvar, Martin Scorsese, David Lynch, Penélope Cruz, Joaquín Sabina y Guillermo del Toro, entre muchos otros, han aportado su firma en apoyo de Polanski. Es evidente que las cosas no pueden ser igual cuando han transcurrido más de 30 años y que el fenómeno del tiempo, que como bien decía Castán Tobeñas "todo lo muda", tiene su influencia en el Derecho, máxime si tenemos en cuenta que estamos ante un caso en el que la víctima, actualmente una madre de familia de 45 años, hace tiempo que ha expresado su deseo de que se retiren los cargos, pero no deja de sorprenderme el corporativismo con que han reaccionado sus amigos del cine.

Me llaman la atención los argumentos que se aportan en defensa del director de cine, pues entre otras cosas los firmantes afirman que “los festivales de cine del mundo entero han permitido siempre mostrar las obras y la libre circulación de los cineastas, (...) incluso cuando ciertos Estados querían oponerse”, obviando que Polanski no ha sido detenido por nada que tenga que ver con el Séptimo Arte, sino con unos hechos susceptibles de ser perseguidos en cualquier Estado; añadiendo, como supremo argumento, que Polanski es “un artista de renombre internacional que hoy día se ve amenazado de extradición y de privación de libertad", algo que desprende cierto tufillo elitista que puede llevar pensar que a un artista no se le pueden aplicar los mismos criterios jurídicos que al común de los mortales.

Creo que, junto a consideraciones de oportunidad y equidad que no pretendo negar, hay que tener en cuenta también que el excepcional cineasta lleva más de 30 años poniendo trabas a su detención y que el gobierno de Francia –donde reside– nunca hizo nada para llevarlo ante la Justicia cuando el delito aún estaba caliente.

Salta a la vista que no se mide a todos por el mismo rasero y si Polanski en vez de afamado director de cine fuera cura nadie saldría diciendo, como ha hecho Frederic Miterrand, Ministro de Justicia francés, que estamos ante “una historia antigua que ya no tiene sentido”. Si Polanski vistiera sotana no se diría que fue un error de juventud (tenía entonces 44 años) ni se hubiera acudido a su infancia difícil. Si la Iglesia hubiera escurrido el bulto como los franceses se habría interpretado como un signo de querer echar tierra sobre el escándalo; y si 138 obispos hubieran firmado una carta de apoyo al compañero acusado, aduciendo que es inconcebible que se pretenda juzgar a “un clérigo de renombre mundial”, la asonada en la opinión pública hubiera hecho historia.

Ni pido la ejecución de Polanski ni pretendo, de ningún modo, justificar a los clérigos acusados en su día de pederastia, simplemente intento reflejar como a veces las mismas situaciones se tratan de modo distinto según quien se vea afectado, y no creo que sea así por casualidad.