17 de julio de 2017

En la muerte de un gran secundario


Ayer falleció Martin Landau. Había nacido en Brooklyn -toda una premonición- hace 89 años y desde hacía días se encontraba internado en el Ronald Reagan UVLA Medical Center de Los Ángeles, víctima de una enfermedad que se agravó inesperadamente en las últimas horas. Landau fue, indudablemente, un gran actor, con una mirada dura y cortante con la que cerró brillantes actuaciones en papeles de personaje complicado, aunque también se le recuerdan trabajos más entrañables.

La primera vez que tuve conocimiento de la existencia de este autor fue cuando interpretaba al agente Rollin Hand, un genio del disfraz, en la versión televisiva de "Misión Imposible" que protagonizaba Peter Graves y en la que también trabajaban Bárbara Bain, una rubia que leyendo los obituarios de la prensa de hoy me he enterado que era entonces su esposa, de la que se divorciaría en 1993, Greg Morris, como un experto en tecnología y Peter Lupus, como el necesario complemento de fuerza física. Siempre quedará en la retina de quienes aprendíamos de la vida a marchas forzadas durante esos magníficos años 60  aquéllo de que  "esta cinta se autodestruirá en breves segundos". Martin Landau era, sin duda, el actor de más calidad del amplio reparto de una serie que compitió con éxito con las grandes creaciones televisivas de su época: "El Santo"; "Los intocables", "El fugitivo", "Los vengadores", "Mannix", "Ironside", "Audacia es el juego", ...

Pero la referida serie no fue el primer gran trabajo del actor fallecido. Martin Landau formó parte en 1959 del magnífico reparto de "Con la muerte en los talones", para casi todos uno de los mejores trabajos de Alfred Hitchcock. En dicha película encarna al joven y siniestro Leonard, ayudante del pérfido Philipp Vandamm -James Mason-, el jefe del grupo de espías que confunde al pobre Cary Grant con un agente del gobierno -un inexistente Mr. Kaplan- cuando no es más que Roger O. Thornhill, un tan simple como apuesto publicista a quien obligan a ser héroe contra su voluntad, aunque ello le sirva para conocer a una bellísima Eva Marie Saint. Inolvidable la escena de Landau obligando a Grant a tragarse un vaso palmero de bourbon o la mítica persecución final en el Monte Rushmore.

Martin Landau, sin ninguna duda, era un actor merecedor del Oscar, aunque le costó tres nominaciones conseguirlo. La primera de ellas, siempre como actor secundario, fue por "Tucker, un hombre y su sueño" (1988), el film en el que Francis Ford Cóppola relata la vida de Preston Tucker, el ingeniero que revolucionó el mundo del automóvil y en el que desempeña el papel de Abe Karatz, el magnífico vendedor que colabora con el protagonista. Ese año el premio se lo llevó Kevin Kline por su trabajo en "Un pez llamado Wanda". En 1989 volvió a aspirar a la estatuilla por su trabajo en "Delitos y faltas", un trabajo dirigido por el mismísimo Woody Allen e interpretando a un oftalmólogo acosado por su amante. En esta ocasión quien se llevó el gato al agua fue Denzel Washington por "Tiempos de gloria". 

En 1994 llegó la hora de la verdad: a la tercera fue la vencida. El éxito se cimentó en "Ed Wood", película dirigida por Tim Burton y en la que relataba la fuerte relación entre el mítico director de cine de terror que da nombre al film, que interpretaba Johnny Depp y el actor Béla Lugosi, magníficamente representado por Landau. Esta vez el Oscar se lo llevó con todo merecimiento Martin Landau, y eso que sus cuatro rivales eran de nivel y habían sido elegidos por su trabajo en películas de gran éxito: Samuel L. Jackson ("Pulp fiction"), Chaz Palminteri ("Balas sobre Broadway"), Paul Scofield ("Quiz show") y Gary Sinise ("Forrest Gump"). De la filmografía del actor norteamericano todavía recuerdo un modesto papel en "Cleopatra" (1963) y su trabajo como protagonista en "The Majestic" (2001), una entrañable película de principios de este siglo. Sin olvidar una intervención de "asesino" invitado en uno de los episodios de "Colombo" en el que desempeñaba el papel de dos hermanos gemelos.

Descanse en paz.

15 de julio de 2017

Nostalgias cinematográficas


Hubo tiempos en los que ir al cine suponía un acontecimiento, una experiencia, unas sensaciones que no tienen nada que ver con las actuales. No se trata de dar a entender que cualquier tiempo pasado fue mejor, de arremeter contra las rutinas de ahora, de llorar momentos que no regresarán. Sin más, viene bien de vez en cuando evocar el pasado que vivimos, recuperar emociones, valorar lo que tuvimos y, tal vez por encima de todo, alentar que con los recuerdos retomen vida quienes ya se fueron y añoramos cada día.

Una veces  al cine se iba con los amigos, en ocasiones en manada, como cuando media clase acudimos al Cine Rex allá por marzo de 1973 para asistir al fenómeno cinematográfico del año, "La aventura del Poseidón", donde Gene Hackman lideraba la lucha por sobrevivir de Ernest Borgnine, Shelley Winters y unos cuantos más. Otras veces tocaba conformarse con los reestrenos, el cine de barrio, las matinales del "Palacio" y el "Victoria" o la semi-imposición de las películas siempre "toleradas" del "Cine Mola". También había salas inaccesibles, como el "Palafox" o el "Rex", que costaban sus duros, o el recién cerrado "Elíseos", que era de arte y ensayo, donde nos imaginábamos pasaban proyecciones tremendas. También había "expediciones" familiares, en cuyo caso las pelis revestían forma de comedia o se recurría a la factoría "Disney", sin olvidar cumpleaños y otras celebraciones en las que mandarnos al cine no dejaba de ser una forma de quitarnos de en medio.

En nuestra nómina cabían los western en los que John Wayne asumía el papel de héroe, los que concluían con la llegada del "Séptimo de caballería", alguna aventura creativa de Grégory Peck o algunas mas rudimentarias, tal vez rodadas en Almería. Y también las películas de romanos, cuando aún no conocíamos las ocurrencias de Sabina;  en el "Dorado", y el "París" no eran infrecuentes las coproducciones hispano-italianas en las que se les despistaba algún centurión con "Duward Aquastar" o postes telefónicos y marcas de "Jeep" en en desierto. A mi memoria vuelven los grandes estrenos de mi infancia -""Mary Popins", Oliver", ...-, la reposición de las superproducciones históricas -"Ben Hur", "Quo Vadis", "Los 10 mandamientos", ...-, como si continuaran sonando en mis oídos los temblores de las paredes rojas del "Fleta" mientras Nerón quemaba Roma, Moises-Charlton Heston abría las aguas del Mar Rojo o Ben-Hur disputaba con Mesala una carrera de cuádrigas que ponía los pelos de punta.

Siguen vivas en nuestras entretelas las entradas de colores, las taquillas que fomentaban la impaciencia, los acomodadores uniformados y talluditos, esos efluvios de ambientador más o menos baratos, el pequeño bar con chicles y caramelos masticables, los intermedios, los frescos del cine "Latino", el "gallinero" del "Goya" y el "Coliseo", alguna gamberrada que otra, ... todo sigue vivo. mientras cada cual seguimos siendo personajes de la película de nuestra vida.


12 de julio de 2017

Falleció Paquita Rico



El pasado domingo, día 9 de julio, falleció Paquita Rico, y lo hizo en el Barrio de Triana, donde había nacido 87 años antes. Su biografía resalta su origen humilde: su padre vendía pescado y camarones por la calle y su madre planchaba y cosía por las casas, mientras ella era expulsada de la peluquería en la que había comenzado a trabajar a los 10 años por beberse los biberones del hijo de la dueña, dormía en los bancos de los teatrillos donde actuaba para ahorrarse el coste de una pensión y no aprendió a escribir hasta los  19 años.

Sus inicios artísticos fueron en un programa de radio, y de allí fue fichada como "telonera" por el cantaor Pepe Pinto, pareja de La Niña de los Peines, quien la presentó al público como “la gitana de bronce”. No obstante, ante el enfado de su padre que le achacaba despreciar su apellido paterno, eligió seguir actuando como Paquita Rico. La trianera fue una artista completa, y triunfó tanto cantando mejor que nadie la canción española como en el cine, incluso con alguna incursión en el teatro, donde llegó a protagonizar "Bodas de sangre" bajo la dirección de José Tamayo. Fue, junto a Carmen Sevilla y Lola Flores la indudable representante de toda una época del folclore andaluz y español.

En la pantalla la película que le consagró fue "¿Dónde vas Alfonso XII?,  dirigida en 1958 por el italiano Luis César Amadori y con el galán Vicente Parra como compañero de protagonismo. En el film interpretaba a María de las Mercedes de Orleans, la primera mujer de un rey tan querido por el pueblo como Alfonso XII y que falleció a los siete meses de su matrimonio con el monarca tras una relación apasionada y romántica. La película supuso una revolución en su día y tuvo un enorme éxito de público. En aquellos años, cuando se acababa de salir de lo dolores y los rigores de posguerra y el país iniciaba el llamado desarrollo, con la llegada de la televisión y el "Seiscientos", mientras los pueblos costeros se convertían en lugar de veraneo popular, una película de este tipo tenía el éxito asegurado, y a ello contribuyó sin duda el excelente trabajo de Paquita Rico, que llegó a recibir en Cannes un premio a la simpatía.

En la vida real, la artista fallecida tuvo también su tragedia particular. En 1960 contrajo matrimonio con Juan Ordóñez, de estirpe torera, pues era hijo del mítico "Niño de la Palma" y hermano de Antonio Ordóñez, y que ejercía de banderillero. Tras cinco años de relación, Ordóñez, que sufría de frecuentes depresiones, decidió quitarse la vida con una sobredosis de barbitúricos. Aunque tres años después volvió a contraer matrimonio con el industrial canario Guillermo Arocha, el dramático final de su primer marido dejó una herida permanente en el corazón de la artista.

Mi recuerdo infantil de Paquita Rico, tiene mucho que ver con los ecos de la célebre canción de su película "estrella" -"¿Dónde vas Alfonso XII?, ¿Dónde vas trsite de tí? ... Voy en busca de Mercedes, que ayer tarde no la vi ...". Me viene a la cabeza como mi mente de niño no entendía que una historia de amor tan dulce pudiera terminar mal, pues en mis cuentos las princesas no morían, y si lo hacían regresaban a la vida. También está presente el nombre de Paquita Rico cuando me vienen a la cabeza los programas musicales de los sábados por la noche, en los que aparecía con frecuencia la cantante fallecida, siempre como final de programa, en el tiempo reservado a la estrella especial de la semana, donde cantaban los grandes del momento -Raphael, Manolo Escobar, Juanita Reina, ...-.

Poco se hablado de Paquita Rico en las últimas décadas, posiblemente no sólo por los años que le iban cayendo encima y por cierta pérdida de actualidad de su estilo artístico, sino por no haber sido personaje propicio a los escándalos y demás "dimes y diretes". Queda la figura de una mujer bellísima, elegante y con una sonrisa permanente, aunque a veces ocultara dramas personales. Descanse en paz.

1 de julio de 2017

Lecturas con ola de calor


Repasando mis lecturas del mes de junio compruebo que entre ellas cabe destacar dos cuestiones: por un lado y sin pretenderlo, he rendido todo un tributo a los escritores  españoles, pues cinco de los siete libros terminados en el mes son de autores nacionales, lo que no deja de constituir todo un acierto. La otra cuestión destacada es haber leído una joya literaria como la "Sonata de primavera" de Valle-inclán, una lectura sencillamente deliciosa. Del resto de libros hago también un balance positivo.

En los últimos tiempos ando siguiendo bastante de cerca la obra de los escritores aragoneses. Uno de los más significativos y actuales es Agustín Sánchez Vidal, galardonado además con el Premio de las letras aragonesas 2016. El escritor había tenido varios éxitos seguidos con unas cuantas novelas históricas de interés, aunque el libro que he escogido para leer ha sido su última obra, "Viñetas", novela que viene con una ambientación y temática bien distintas. Sánchez Vidal nos traslada al ambiente rural para ofrecernos una historia de posguerra cuyos protagonistas son una familia de labriegos que surge de la más absoluta pobreza. Utiliza el sistema de partir del presente al pasado a través de los recuerdos, plasmados éstos en los dibujos y gráficos -de ahí el título- que deja como herencia el hermano de quien relata, que acaba de fallecer. Tiene el libro un toque costumbrista, que se refleja en situaciones como la magnífica recreación del cine del barrio, aunque impera el drama y la crítica social, sin excluir cierta intriga.. Son recuerdos de un tono trágico, con reflejo de las miserias materiales y personales de los años 50 y 60, y también con episodios más ligeros y un toque positivo que es de agradecer. Una novela entretenida.

Se cumplen cien años de la revolución soviética, un buen momento para leer una historia sobre el evento. De momento, y siguiendo un consejo de alguien que sabe, he empezado con un brevísimo ensayo, casi un artículo largo, titulado "La revolución rusa" y escrito nada menos que por Rosa Luxemburgo, la  mítica activista comunista alemana que tomó parte activa de los movimientos revolucionarios de la época en su tierra. El libro fue escrito durante su encierro en la cárcel de Breslau, y tiene el peculiar interés de tratarse de una visión de la revolución prácticamente simultánea a su desencadenamiento, pues Luxemburgo muere asesinada en enero de 1919: su opinión tiene por lo tanto las ventajas de la inmediatez y la ausencia de esos matices subjetivos que suelen aparecer con posterioridad a los grandes acontecimientos. El escrito destila una honestidad y un idealismo admirables. La autora defiende la revolución bolchevique con la misma fuerza con la que critica sus excesos. Rosa Luxemburgo razona, con fuerza y convicción, acerca de  la necesaria compatibilidad entre la revolución proletaria que supuso el núcleo central de los hechos acaecidos en Moscú en 1917 y la democracia, a la que entiende no se puede renunciar. Sin duda una cuestión nada fácil, pero con la que la insigne luchadora consigue que todo el librito se lea con interés.

Hace unos pocos meses leí la noticia de que el escritor aragonés Antonio Iturbe había ganado el Premio "Biblioteca Breve" de 2017 con una novela basada en la vida de Antonie de Saint Exupery, aviador francés e inolvidable autor de "El principito". El libro se titula "A cielo abierto" y constituye todo un homenaje a los pioneros de la aviación francesa, el propio Saint Exupery, Jean Mermoz y Heri Guillaumet. Ha sido la primera novela que he tomado prestada de la Biblioteca Municipal Santa Orosia, lo que menciono como dato anecdótico. Mi primera sorpresa fue comprobar que el adjetivo "breve" del título del galardón no hacía referencia precisamente a la extensión, pues el ejemplar tiene nada menos que 622 páginas, algo que pienso acaba siendo el principal inconveniente del libro. Iturbe nos presenta unos personajes muy atractivos, con unas  vidas excepcionales, las tres cortadas prematura y trágicamente. Pero la lectura termina haciéndose pesada, posiblemente por las razones que explica la dura crítica de "Babelia": adolece de tensión narrativa y acaba siendo un inventario de anécdotas ... añadiendo que "no es una arriesgada novela de aventuras sino una novela de aventuras arriesgadas". No obstante la lectura es amable y los personajes magníficos ... aunque exige paciencia.

Alfredo Panzini fue un escritor y crítico literario italiano que vivió entre la segunda mitad del siglo XIX y la primera del XX. Los datos que figuran en la solapa del libro y otros obtenidos en la red nos hablan de un hombre con una sólida formación clásica y gran observador del mundo y de las personas que lo habitan, con cierta prevención ante lo que, en su época evidentemente, suponía modernidad. Obra suya fue "En la tierra de los santos y los poetas", un breve y delicioso libro en el que describe un viaje en bicicleta por la zona central de Italia, concretamente por la Umbría y Marcas,  con parada larga en recanati, lugar de nacimiento de Giacomo Leopardi, el llamado poeta de la desesperación. Dicho trabajo cabe calificarlo al mismo tiempo como libro de viajes y ensayo costumbrista. En él Panzini nos relata sus experiencias y sus visiones pasando por tierras donde nacieron, vivieron y murieron personajes tan interesantes como los poetas Giacomo Leopardi y Dante Alighieri y el mismísimo San Francisco de Asis, de ahí el título de la obra. El libro se lee con agrado, está escrito con enorme sencillez y naturalidad, contiene reflexiones que abren perspectivas y un tono poético que le da la dosis adecuada de belleza  y musicalidad.

Mi curiosidad literaria me mueve últimamente a bucear en el panorama de los nuevos escritores españoles. Entre las novedades más recientes me llamó la atención "Europa", una breve y dramática novela escrita por la madrileña Cristina Cerrada, autora que ya había escrito otros libros e incluso ganado algún premio literario como el "Ciudad de Barbastro". "Europa" nos habla del drama de los refugiados, tiene como protagonista muy principal a una joven llamada Hena y se trata de un relato de cierta originalidad. No hay un argumento claro y desarrollado, sino que la autora va incoando hechos y nos cuenta la trama como a fogonazos, casi con datos incompletos, sin dar detalles ... tanto que no sabemos de donde procede Hena y su familia -por mucho que se intuya su origen es algún país del Este- ni adonde ha llegado con su familia, limitándose a dar a entender que está en Europa. También hay idas y venidas en el tiempo, situaciones que se dan por supuestas, ... a pesar de ello no deja de ser una lectura interesante. El libro tiene, por otra parte, un tono negativo: Cerrada describe magistralmente la tristeza, la soledad, la desesperanza, .... de la protagonista y su familia. No es libro para leer si uno anda con pocos ánimos, pero sí que se trata de un relato bien actual y ayuda, además, a tener una visión cada día más amplia del panorama actual de las letras españolas.

Entre los grandes escritores españoles del siglo pasado se encuentra sin ningún género de dudas Don Ramón María del Valle-Inclán, genuino representante de la generación del 98 y poseedor de una prosa brillante, ágil y ocurrente, además de haber sido un pesonaje genial y original. Entre sus obras destacadas están, por supuesto,  la "sonatas", las célebres memorias del Marqués de Bradomín, dotadas de una belleza sin igual. Durante el servicio militar -¡ya ha llovido mucho!- leí las dos primeras, y este mes de junio reanudé tan lejana iniciativa con la lectura de la "Sonata de primavera". Se trata de un  maravilloso relato que ubica al personaje protagonista llegando, de paso, a un lujoso palacio italiano en un viaje a Roma con la misión de llevar un mensaje privado al Papa. La obra es una auténtica obra de arte; Valle-Inclán describe al detalle el ambiente, decoración y paisaje interior del palacio donde sucede todo, y crea un aire entre gótico y mágico verdaderamente extraordinario. La escena final es, además, de un dramatismo estremecedor. Sin duda, una obra maestra. Habrá que leer la de estío y releer el resto.

En los últimos años ha proliferado la publicación de novelas de intriga de "fabricación nacional". Entre las que han tenido un éxito rotundo destaca "El silencio de la ciudad blanca", escrita por la vitoriana Eva María Sáenz de Urturi y ambientada precisamente en su ciudad natal. En cuanto la comienzas compruebas estar ante una novela ambiciosa, muy trabajada y con un argumento elaborado y complejo. En buena parte recuerda a la "Trilogía del Baztán" de Dolores Redondo, habiendo nacido aquélla también con vocación de trilogía -de hecho ya se publicó hace unos meses la segunda entrega, "Los ritos del agua"- y de ser llevada a la gran pantalla. Estamos ante una novela larga -480 páginas-, con una trama que atrapa, unos crímenes estremecedores, personajes con vida propia y buena dosis de climax hasta el final. Posiblemente se trate de uno de esos relatos casi obligatorios para los aficionados al género,  que a la vez consolida a quien lo ha escrito como autora de referencia del género en España. No obstante, y al igual que me pasó con los libros del Baztán, no puedo evitar ver algo de artificialidad en la novela, como si tuviera su parte de "trampa". Ahora que viene el verano, no me cabe duda de que "El silencio de la ciudad blanca", como imagino será también su continuación, es una excelente recomendación como novela de evasión, como lectura que entretiene, interesa y descansa.

26 de junio de 2017

Sobre "flexibilidades"


Se dice que con el paso de los años, a la vez que nuestro cuerpo va perdiendo habilidades, nuestra mente va creciendo en amplitud de miras ... vamos, que el incremento en flexibilidad es inversamente proporcional en el cuerpo y en el alma. Con toda sinceridad, creo que este pensamiento tiene bastante de real, y si dedico un tiempo a darle vueltas a mis planteamientos vitales de hace, más o menos, 30 años, compruebo que he perdido en radicalidad a la vez que ha aumentado mi interés por llegar a alcanzar conocimientos y experiencias más allá de ámbitos concretos, convicciones propias y endogamias particulares. Y esto es algo que agradezco al Sumo Hacedor y a  quienes -son bastantes- me han ayudado a limitar las "ortodoxias", ... y puede que, como dije no hace mucho con ocasión de mi despedida de Huesca, hasta a asumir alguna "heterodoxia".

En esta vida hay que intentar ser feliz, aunque en ocasiones se deba admitir, como decía un excelente filósofo jubilado hace no mucho tiempo, la felicidad estribe "en no ser feliz y que a uno no le importe". Los límites de esa felicidad deberían estar en la bondad -intentar no hacer daño a nadie y procurar hacer todo el bien posible- y en la generosidad -poner el bien ajeno por encima del propio- ... y a partir de ahí no me atrevería a decir eso de que "ancha es Castilla", pero sí que no estaría de más reducir reglamentos y huir del escrúpulo. De esta manera, y mientras soportamos los dolores musculares, la fatiga, la artrosis y los olvidos que trae consigo cumplir años, nos serenamos procurando dar a cada cosa la importancia que tiene y no ponernos nerviosos ante la discrepancia y las originalidades ajenas.

Valoro mucho a las personas que siempre "están ahí", tanto que las pongo como ejemplo a seguir, como meta personal para alcanzar. Y las admiro más en cuanto ayudan con el consejo y estimulan con el ejemplo, sin que ello suponga que asuman tener la verdad absoluta ni que caigan en la tentación de forzar, de imponer. Cuando menos lo esperas salta la liebre, y puede ocurrir que el individuo menos pensado te de una lección de vida y, por el contrario, que algún adalid de la libertad esconda unas actitudes autoritarias espectaculares.





6 de junio de 2017

Un futbolista con un solo color


Una de las noticias deportivas recurrentes de las últimas semanas ha sido la retirada de Francesco Totti, futbolista italiano, goleador e internacional con la squadra azzurra. Además de ser un excelente delantero, lo llamativo de Totti ha sido que siempre ha militado en un mismo club profesional, la A.S. Roma, equipo donde debutó con 17 años en la serie A y en el que ha desarrollado una carrera nada menos que de 24 años. En estos tiempos en los que los jugadores duran tan poco en un mismo club, cuando a poco que marcan un gol de más o realizan una jugada brillante, de esas que repiten los telediarios hasta hartarnos, piden incremento de ficha o sus representantes buscan engordar sus comisiones con ventas millonarias, es de valorar que alguien con cualidades para triunfar allá donde fuere, haya sido fiel a su culb de siempre durante más de dos décadas.

A pesar de la fama que arrastra el fútbol italiano de defensivo y bronco, siempre me han gustado los futbolistas de ese país. Desde mis años infantiles en los que brillaban futbolistas como Sandro Mazzola, del Inter, Gianni Rivera, del Milan o Gigi Riva, del Cagliari, he sentido debilidad por el juego de las grandes figuras transalpinas. Posteriormente disfruté con Bettega, Antognoni, Paolo Rossi, Scirea, muchos de ellos campeones con la "azzurra" en España-82. Y, a pesar de que Italia no siempre obtuvo los mejores resultados, siempre continuó dando frutos como Roberto Baggio, Del Piero, Paolo Maldini y, en los últimos años, Andrea Pirlo.

Totti ha batido records en la liga italiana: 621 partidos jjugados -solamente le supera Maldini- y 250 goles conseguidos, lo que le convierte en el segundo goleador de la historia del Calcio. Con la selección jugó 58 partidos, marcando 9 goles y formando parte del equipo titular que conquistó para su país la cuarta Copa del Mundial, celebrada en 2006 en Alemania. Entre otras virtudes, Totti destacaba por su polivalencia, pues siendo lo que llamamos ahora un "media-punta", también rindió a perfección en las bandas, de falso nueve y como centrocampista.

La Roma ha sido uno de los equipos por los que, no sabría explicar la razón, he sentido simpatía siempre. Habitualmente ha estado oscurecido por los grandes de Italia -Milan, Juventus, Inter-, pero con su precioso uniforme "rossonero" era un equipo que siempre estaba en la "pomada", y que tuvo una época dorada cuando, con la batuta de un artista como el brasileño Paulo Roberto Falcao se hizo con el "Scudetto"  en la temporada 1982-83, jugando un año después la final de la Copa de Europa, que terminó perdiendo en los penaltis frente al Aston Villa. En la Roma jugaron futbolistas de primera fila como el uruguayo Schiaffino, los brasileños Cafú, Falcao y Toninho Cerezo, el austriaco Prohaska, los argentinos Batistuta y Walter Samuel, el polaco Boniek y los italianos De Sisti, Ancelotti, Tancredi, Vierchowod, Roberto Pruzzo, Conti, Di Biaggio, Cassano, Montella, Perrotta ...

Sin duda, el nombre de Francesco Totti se encuentra en la nómina de los mejores futbolistas de toda la historia del equipo romano, con el añadido de sus records y su fidelidad al club. La trayectoria de  Totti es todo un guiño al fútbol de siempre, a la fidelidad a unos colores, al amor a un club por encima de otras ambiciones.

3 de junio de 2017

Valiente y certero Francino


Carles Francino es un veterano periodista catalán, uno de los pioneros de TV3, a quien recuerdo como un excelente presentador del noticiario de las 9, de donde paso a la radio para hacerse cargo de diversos programas punteros de la Cadena SER. Le guardo incluso cierto cariño pues no hace muchos meses me hizo unas pocas preguntas vía telefónica en su programa "La ventana" con motivo de un asunto judicial que ahora no viene al caso.

Con motivo de la celebración de la Final de la Champions Ligue que tendrá lugar esta tarde-noche en Cardiff, TV3 difundió un anuncio que confieso no haber visto en el que al parecer se pone de manifiesto un visceral deseo de que el equipo merengue caiga derrotado. Francino, catalán y culé sin matices, ha querido poner de relieve su opinión negativa a este tipo de actitudes. Extraigo un breve párrafo:

"Yo soy catalán, del Barça y de TV-3, pero no me siento representado por nada de esto. Lo siento, pero creo que algunos están dibujando una televisión y un país donde cada vez cabe menos gente."

El artículo, y la frase concreta, me han encantado, me han reconciliado con el mundo y ha aportado algo de esperanza de que aún queda sensatez en esta tierra nuestra. Me identifico especialmente con esa frase de "un país donde cada vez cabe menos gente", porque es una idea, una sensación real que tengo desde hace bastante tiempo. Es como si cada cual nos hubiéramos encerrado en nuestro reducto y acentuado diferencias, agravios mutuos, discrepancias, ... Y no limito, en absoluto, esta apreciación al llamado "problema catalán", pues la situación es, por desgracia, aplicable a unos cuantos mundos más.

Se habla mucho de "transversalidad" y otros términos equivalentes, pero cada vez con más frecuencia tengo la sensación de que nos separamos más. Menos mal que las relaciones y las circunstancias me han hecho ir tropezando con gente abierta.

1 de junio de 2017

Libros en mayo


Mayo, con las flores y el calor, ha sido un mes de lecturas con algo de originalidad. Destacan tres novelas policíacas, una que supone reanudar mi querencia a la intriga escandinava, mientras que las otras dos son nacionales: las tres me han gustado. Ha pasado por mis manos "Stoner", una novela magistral muy recomendada previamente y he concluido tres ensayos bien distintos, de temas tan variados como Siria, la España rural y las costumbres social-gastronómicas francesas.

La escritora aragonesa Virginia Aguilera ha realizado una incursión en el género negro con tanto éxito que le ha valido el XIX Premio García Pavón de narrativa policíaca. La novela, con el título de "Ojos ciegos", está ambientada en un imaginario falansterio -así se denominaba a las comunidades teorizadas por el socialista utópico francés Charles Fourier- ubicado en la provincia de Teruel y situado temporalmente en los años finales del siglo XIX. El protagonista es un juez ciego -de ahí el título- y una aventajada y joven secretaria que responde al nombre de Candela. Como bien resaltan algunas críticas, estamos ante una novela de intriga próxima al estilo gótico, que relata acontecimientos estremecedores y donde el mal resalta sobremanera en algunos personajes, verdaderamente perversos y siniestros. Buen desarrollo de la trama, buen estilo literario e interés en el argumento, aunque en algún momento tuve la impresión de que la autora de liaba algo ...  no descarto que ha de admitirse la posibilidad de que quien se liara fuera yo.

Estamos en un momento de abundancia creativa en lo que se refiere al género negro nacional, lo que es una buena noticia aunque sea necesario -como ocurrió  en su día con la "intriga escandinava"- distinguir el grano de la paja. De entre las más recientes publicaciones nacionales opté por la lectura de "Lo que nos queda de la muerte", una novela del tarraconí Jordi Fabregat, galardonada en su día con el premio "Silverio Cañada" de la Semana Negra de Gijón. Se trata de un relato con los condimentos propios del "Noir" español actual: crítica social, tono descarnado y agilidad literaria. No estamos  en absoluto ante una novela policíaca convencional, ya que el autor parece optar por mostranos un tapiz de personajes y situaciones que se entrerrelacionan, lo que consigue con maestría notable, una acertada muestra del paisaje social de la última quinta parte del siglo XX. Está ambientada en los difíciles años 80 y 90, con elementos tan significativos como la corrupción, la adicción a las drogas, su tráfico, la desorientación juvenil, ... En mi opinión, no se trata de un producto más del género, sino de una buena novela que avala la trayectoria literaria de un autor que ya venía avalado por excelentes trabajos.

Tras el enorme éxito de "La España vacía", escrita por el aragonés Sergio del Molino,  ha cobrado actualidad la cuestión de la España rural. Acerca del tema encontré un magnífico tratado sobre libros relativos al mismo que publicó hace unas semanas "Babelia" y en el que, entre otros, se mencionaba "El viento derruido", un repaso a la comarca de Los Pedroches, ubicada en la encrucijada donde confluyen tres regiones (Andalucía, Castilla La Mancha y Extremadura) y tres provincias (Córdoba, Ciudad Real y Badajoz), durante los duros años de posguerra y dictadura. El autor, el escritor andaluz Alejandro López Andrada, natural de la zona, reflexiona sobre la vida en los pueblos a través de conversaciones con distintos habitantes que desempeñaron en su tiempo distintos oficios -panadero, picapedrero, pastor, labriego, ...- y que tienen en común su bonhomía, su vida dura y su amor a la tierra. El autor, por boca de dichas personas,  ofrece un testimonio tan duro como entrañable de la pobreza de esas zonas y esas gentes, de su lucha por salir adelante, ... de un mundo que existió y no es suficientemente conocido: miseria, niños que trabajan, emigración, hambre, ... crudeza que contrasta con la ternura y el amor a la vida con que se sobrellevaban tantas limitaciones. López Andrada es detallista y exhaustivo, y a veces la lectura puede cansar.

Leyendo el "ABC cultural" de hace algunos sábados me llamó la atención un pequeño ensayo escrito por el etnólogo y escritor francés Marc Augé y titulado "Elogio del bistrot". Para quien no lo sepa, los bistrot son unos pequeños establecimientos, populares en Francia, donde se sirven bebidas alcohólicas, café, quesos y otros refrescos; también se entienden por tales pequeños restaurantes de comidas a precios económicos. El libro ha respondido a lo esperado: entretenido, breve -117 páginas en formato "octavilla"- y elegante. Augé nos hace un agradable recorrido por estos locales franceses tan característicos, teorizando y elucubrando sobre camareros, decoraciones, ubicación de la barra, clientes habituales y ocasionales, menús, bebidas, ... todo desde un punto de vista muy humano, sin perder de vista cierto toque filosófico. Se trata de una lectura amena, que nos descubre una forma especial de entender lo que en España llamaríamos "ir de bares", con un planteamiento siempre atractivo y positivo, tal como se deduce del título. Muy adecuado para personas necesitadas de lectura oxigenante, degustadores de curiosidades y amantes de lo francés.

Hasta tres personas distintas, todas ellas de la máxima confianza en gustos literarios -y en otras cosas-, me recomendaron en diferentes momentos la lectura de "Stoner", novela escrita por el norteamericano John Williams en 1965 y traducida al español hace poco más de dos años. Tanta unanimidad no podía fallar, y efectivamente se trata de una novela magistral, perfecta, bien escrita. Y lo curioso es que no pasa casi nada: Williams nos cuenta la historia de William Stoner, un ciudadano de Missouri, nacido a principios del siglo pasado y que estando destinado a ejercer de técnico de agricultura en la granja paterna da un giro a su vida para dedicarla a la literatura inglesa en la universidad. El libro nos cuenta la rutina ordinaria de un hombre más bien gris, que intenta triunfar profesionalmente sin excesivas energías ni acierto, cuya vida familiar no deja de ser un fracaso y de poco carácter. A pesar de eso, el autor consigue ofrecernos un relato interesante, lleno de humanidad, con un personaje que, con todas sus limitaciones, consigue que de alguna manera -posiblemente cada uno a su modo- terminemos identificándonos con él. Sin duda, valió la pena escuchar el múltiple y reiteradoconsejo.

Siria es un país en permanente actualidad, y lamentablemente lo es por la sangrienta guerra que lleva años asolándolo. Por esta razón me parece especialmente interesante la lectura de "En Siria", un pequeño libro escrito por Joseph Kessel, un escritor y periodista francés, de origen judeo-lituano, que fue corresponsal de guerra y vivió en el siglo pasado. El libro comienza con un prólogo a cargo de la historiadora tunecina Leyla Dakhli y concluye con un artículo del propio autor y un breve y magnífico album fotográfico. Se trata de un ensayo breve, pues en total no llega a las cien páginas. "En Siria" no es más que el cuaderno de viaje de Kessel tras un recorrido de varias semanas por Siria en 1926. Leyéndolo van apareciendo nombres que siguen siendo actualidad: Damasco, Alepo, drusos, alauitas, ... sin olvidar lo que ahora es Líbano. El libro refleja cómo los problemas geográficos, sociales y de religión ya estaban en ebullición por aquellos años. El autor se sirve de capítulos breves en los que va relatando viajes, anécdotas, encuentros con personajes relevantes y visiones socio-políticas de la situación. Un libro francamente entretenido e interesante.

Hacía tiempo que no pasaba por mis manos -y ojos- una novela de intriga escandinava, si no recuerdo mal desde la última que leí de Jo Nesbo. Hacía tiempo que tenía en la cabeza comenzar "El hombre invisible de Salem", novedad de hace un par de años en España por la que fue galardonado con el premio de la Academia Sueca a la Mejor Novela 2013 el joven escritor y criminólogo sueco Christoffer Carlsson. Mi regreso al género negro sueco ha sido acertado, y me he tropezado con un libro al que he de reconocer tres virtudes: un personaje notable, el agente de asuntos internos Leo Junker, hombre complicado, con una infancia dura y marginal, una serie de relaciones sentimentales fracasadas y una situación difícil, al estar suspendido por la muerte trágica de un compañero y andar con alcohol y antidepresivos; una llamativa y explícita crítica social al describir la vida en un barrio marginal, Salem, marcado por la miseria y la criminalidad elevada y una trama bien estructurada que se va desarrollando con buen ritmo y desentrañándose poco a poco como un jerogífico. Se nota que Carlsson es un experto en el tema, que trata cuestiones absolutamente reales y de personas de carne y hueso. El tono es duro, sin concesiones, realista y creible. En suma, una novela al nivel de las mejores del género en aquellas zonas tan frías.

27 de mayo de 2017

La primera muerte de James Bond


El pasado miércoles nos despertábamos con la noticia del fallecimiento de Roger Moore. El actor había nacido hacía 89 años en Londres y tenía la condición de Sir, a la que ha sido tan aficionada Isabel II con respecto a las celebridades británicas. Roger Moore no era el típico actor inglés criado en el teatro como lo fueron Lawrence Olivier, Alec Guiness o Anthony Hopkins, sino que comenzó ejerciendo de modelo para destacar posteriormente en películas de acción y series televisivas. Moore era un hombre apuesto, además de un gentleman y un dandy y supo explotar estas condiciones a base de asumir papeles para los que siempre parecía -y de hecho, lo solía ser- el más indicado. Roger Moore intervino como teniente al final de la II Guerra Mundial, se casó cuatro veces y fue embajador de buena voluntad de Unicef. Siempre destacó como una persona amable y simpática, muy lejos del divismo y la vanidad que ejercitan algunos y amante de lujos y de la buena vida: conocida es su faceta de fumador empedernido, con especial cariño por los "Montecristos".

En mi memoria la primera referencia del actor fallecido se remonta a una serie televisiva, "El Santo", en la que Roger Moore encarna a Simon Templar, un refinado ladrón que roba a gente de moral dudosa, o claramente depravada. En los años 60 recuerdo la serie como la más célebre de la programación de la entonces única televisión de España. Eso sí, mi recuerdo es meramente nominal, pues nunca llegué a ver un programa que se transmitía en horas nocturnas y entre semana, lo que era un obstáculo insalvable por cosa, rombos aparte, del horario colegial. "El Santo" era una de esas series tan célebres como vetadas como "El fugitivo", "Los intocables" o "El agente de CIPOL". En la serie Moore conducía un Volvo blanco y era, como casi siempre, un conquistador empedernido. Años después también triunfó en otra serie televisiva: junto a Tony Curtis protagonizó 24 episodios de "Los persuasores". El argumento involucraba a dos millonarios aventureros aclarando misterios y ayudando a personas, especialmente bellas mujeres, a resolver problemas. Evidentemente, Moore y Curtis estaban como pez en el agua.

A pesar del indudable éxito de sus trabajos televisivos, el do de pecho definitivo en las pantallas lo dio Roger Moore al resultar elegido para el papel de James Bond en sustitución del mítico Sean Connery. No cabe duda de que el actor reunía todas las condiciones para encarnar al célebre agente 007: apuesto, simpático, audaza y mujeriego, además de unas indudables dotes para triunfar en el cine de acción. Roger Moore protagonizó siete películas como James Bond: "Vive y deja morir" (1973), "El hombre de la pistola de oro" (1974), "La espía que me amó" (1977) —su favorito—, "Moonraker" (1979), "Solo para sus ojos" (1981), "Octopussy" (1983) y "Panorama para matar" (1985). Tomasso Koch en "El País" nos habla de su experiencia como Bond: "Roger Moore, en la piel de 007: "El británico fue, a la vez, el actor que asumió y dejó el papel del espía en edad más avanzada: debutó en el rol con 45 años y colgó traje y pistolas con 57, cuando, tal como admitió, las chicas Bond con las que mantenía romances en las películas podían ser sus hijas, o incluso nietas: "Básicamente, era 400 años demasiado viejo para el papel". De hecho, se planteó dejarlo ya cuatro años antes, en 1981, tras Solo para sus ojos, y su última aparición en la piel del personaje, en Panorama para matar, le horrorizó. Aun así, el guion de la siguiente entrega, Alta tensión, se escribió pensando en él, y fue amoldado a toda prisa a Dalton."

Roger Moore intervino en muchas películas más, pero pienso que sus papeles televisivos y, por encima de todo, sus trabajos como James Bond son el núcleo fundamental de su carrera. También recuerdo una película de mercenarios  dirigida en 1978 por Andrew V. McLaglen, "Patos salvajes", que protagonizó junto a otros dos británicos de primera fila: Richard Burton y Richard Harris, y seguro que más de un experto cinéfilo que lee este blog nos podría resaltar alguna más. Ahora Moore se ha convertido en el primer 007 de carne y hueso en fallecer. Descanse en paz.

25 de mayo de 2017

Cita el domingo


El cartel lo explica bien, el domingo por la tarde la Sala Moncayo del IES Miguel Catalán de Zaragoza albergará un concierto benéfico. El definitivo granito de arena lo ha puesto un profesor de Instituto que ha invertido parte de lo ganado en el programa-concurso "Pasapalabra" en adquirir un piano. La idea la tuvieron cuatro jóvenes médicos voluntarias que han colaborado, "in situ" por supuesto, con la misión que tiene la Fundación "Emalaikat" en Turkana, una de las zonas más pobres de Kenia. Allí trabajan, ... entregan toda su vida, una serie de personas que se han creído eso de "amar al prójimo como a sí mismos", que entendieron lo de que "Cuanto hiciereis por uno de estos pequeñuelos a mi lo hicisteis", ... que comprenden que necesitan escuchar lo de "tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, ...". Y con su vida nos despiertan la conciencia y los mejores sentimientos a quienes andamos mucho más cómodamente por Europa, en ocasiones sufriendo por nimiedades.

 Queda dicho que la iniciativa viene de cuatro chicas con ganas de hacer el bien y sentido de la solidaridad. Anima comprobar que en estos tiempos de tensiones e individualismo  sigue habiendo quienes acreditan algo tan imitable como saber querer, tan necesario como pensar en el resto, tan admirable como ser valientes. Cuando, por vías indirectas, me entero de lo que han hecho y siguen haciendo estas jóvenes -las llamaría niñas porque podrían ser mis hijas, pero demostrado queda que han madurado pronto- siento alegría de que haya gente así, agradecimiento por comprobarlo, certeza de que estas doctoras comienzan su trayectoria curando el alma y una firme voluntad de compromiso: ¡no puedo faltar a la cita!.





23 de mayo de 2017

Horror en Manchester


22 muertos y 59 heridos en un atentado suicida en un concierto en Manchester 

A veces tengo la impresión de que nos confiamos, que tendemos a olvidar el estar sobre un polvorín y seguimos viviendo alegres y tranquilos, ajenos a peligros y dramas más o menos cercanos e inminentes. Es posible que no deje de ser un mecanismo de autodefensa, que sea mejor andar distraídos de lo que nos puede pasar. Pero cuando regresa la barbarie, no podemos ni evitar un estremecimiento, un dolor grande ni desentendernos, mirar para otro lado.

¿Quiénes son los locos capaces de organizar una matanza de inocentes como la de esta noche en un concierto de la cantante Ariana Grande en el "Manchester Arena" de la ciudad británica?. ¿Quién puede soportar sobre su conciencia la muerte de más de veinte personas, entre ellas niños?. ¿Qué razón puede dar? ... A quienes andamos lejos, a los que por ahora no nos afecta en vivo y en directo la tragedia, nos queda compartir el dolor, rezar por los muertos, los heridos, sus familiares y amigos ... y ¡por favor!, que nunca nos acostumbremos.

15 de mayo de 2017

De pérdidas y rebeldías


Cuando alguien nos deja surge, inevitablemente, el dolor. Un dolor que, lógicamente, tiende a andar en proporción al cariño, la cercanía, ... la amistad que manteníamos con quien fallece.  Al llegarnos la noticia de una pérdida, que puede ser más o menos esperada, la cabeza y el corazón acumulan sentimientos encontrados: un aluvión de recuerdos, la conciencia de no haber estado siempre a la altura, de omisiones, ocasiones perdidas, ... y, por supuesto, momentos inolvidables, tiempos de brillo y luces, ... y la figura de quien falta que se impone en todo su esplendor.

Es sin duda ley de vida, para quienes creemos en Dios, en la eternidad, siempre queda la esperanza, la confianza, a veces algo forzada, en quien entendemos sabe más. Pero tal vez no es tiempo de regatear dolores, de esconder tristezas, ... llorar al ausente no deja de ser una forma de velarlo, de compartir el momento, con quien se ha ido y con los seres más cercanos que sufren un vacío inconsolable. No tiene por qué ser malo encauzar las rebeldías. La arrogancia puede revestir distintas formas, no somos quienes para asumir representaciones ni para dictar instrucciones sobre modos de reaccionar. El dolor, el desconsuelo son legítimos, y rebelarse puede ser otra forma de rezar.


10 de mayo de 2017

Mis maestros involuntarios


En la vida de cada uno de nosotros siempre ha habido maestros. Unos vienen impuestos, sus enseñanzas nos llegan por razones de sangre, convicción o simple casualidad: todos procuramos asimilar lo que nos enseñan, agradecerlo -tantas veces lo que nos transmiten tiene su origen en el amor que nos procuran- ... y cuando es preciso lo modificamos o adaptamos a las circunstancias y a la inevitable evolución del tiempo. Hay maestros que se atribuyen tal condición y pretenden "encajarnos" sus pensamientos con mayor o menor tenacidad y, a veces, autoritarismo ... maestros que tal vez se creen que lo saben todo y deberían dedicar más tiempo a aprender sobre la naturaleza humana.

Pero también hay maestros involuntarios, personas que nos enseñan sin pretenderlo, que regalan esas lecciones impagables que se dictan desde la humildad, la sencillez, la naturalidad. Gente que te tropiezas incluso accidentalmente, que con una palabra, un acto de servicio, una atención amable, ... una simple sonrisa sincera, ... son capaces de mostrarte un modelo de vivir, de orientarte hacia el bien, de desear decirles, aunque sea interiormente, en silencio: tu modo de actuar me ayuda a ser mejor.

Me he tropezado con muchos y muchas de éstos, y a veces me gustaría decirles, al oído, bajito, sin grandes aspavientos, "¡gracias!, ¡qué suerte tuve de encontrarme contigo!!!" ... "¡¡Cuanta luz eres capaz de dar sin creértelo, sin andar de divo!!".

1 de mayo de 2017

Libros del mes del libro


El mes de abril es terreno abonado para la lectura. No se sabe si los libreros, las empresas editoriales o "El Corte Inglés" han elegido el 23 de abril como día oficial del libro. La realidad es que hay más información que nunca sobre el tema y los lectores irredentos ponemos especial interés en nuestra afición. Yo, particularmente, he cerrado seis lecturas en abril, y creo que recomendaría cualquiera de ellas. La estrella del mes se la pongo al último de esa enorme aparición francesa que ha sido Pierre Lemaitre, pero con la misma fuerza alabaría a la última entrega de Michael Cónnelly, a las breves memorias de una premio Nobel como Herta Muller o a una deliciosa recopilación de relatos sobre africanos en España. Sin olvidar una breve y divertida obra de teatro de Mihura y una original novela gallega.

Recuerdo que de pequeño las películas que TVE proyectaba los domingos por la noche estaban vedadas: la cuestión del horario era fundamental, pues acababan muy tarde y al día siguiente había colegio. Esta norma tuvo alguna excepción, como "Los últimos de Filipinas" o "Solo ante el peligro", films considerados de interés suficiente como para restar horas de sueño. También hubo "bula" para "Melocotón en almibar", un film de Antonio del Amo que protagonizaban Carlos Larrañaga y María Mahor. Con el tiempo descubrí que se trataba de un guión adaptado de una comedia de Miguel Mihura, uno de los grandes del género en España, fundador entre otros de la mítica revista "La Codorniz". Muchos años después he leído el libro, una divertida comedia en torno a unos atracadores cuyos planes se tropiezan con una cándida monja de la caridad. Aunque siempre resulta complicado leer obras de teatro, escritas más bien para su representación, se trata de un libreto divertido y sencillo que se lee de un tirón y sirve para estar entretenido uno de esos  ratos sueltos del fin de semana.

Creo haber comentado en otras ocasiones que Michael Connelly suele ser una apuesta segura. Hacía años que no elegía una novela suya y, rompiendo mi criterio de leerlas por orden de aparición, me hice con su último éxito, "Del otro lado", en el que su detective favorito, Harry Bosch, coincide con Mickey Haller, abogado protagonista de otros libros que queda, además, consolidado como primo suyo. Una vez más Connelly ha respondido a la confianza y su novela me ha parecido de las mejores dentro del género policíaco. El argumento viene con la peculiariedad de que Bosch está separado de la actividad policial y es contratado por su citado primo para investigar un delito del que se acusa a su cliente, a quien éste considera inocente ... es decir, Connelly colabora con la defensa, de ahí el título. La situación provoca un doble conflicto a Harry Bosch: tiene que luchar con su propia conciencia y con la incomprensión de sus compañeros. El libro está bien escrito, mantiene la atención y, como es frecuente en el escritor de Filadelfia, la intriga se centra más en las circunstancias de los hechos que en la identidad de su autor

"El libro de Jonás", del escritor y periodista gallego Ramón Pernás, lo incluyo entre esos libros con los que me encapricho sin saber muy bien porqué: la novedad de un autor que no conocía, una portada sugerente, un argumento interesante, ... no sabría muy bien explicar la razón de mi elección. De hecho adelanté su lectura al encontrarlo disponible en la Biblioteca Pública de Zaragoza. Una vez terminada la novela lo primero que se me ocurre es definirla como lectura "muy gallega", por eso de que uno no acaba de saber bien que se pretende y por la afición de muchos autores de aquellas tierras a lo mágico, a lo esotérico. Se trata de un libro bien escrito, con un toque no se si definir como poético o musical, sin un argumento muy definido pero que se va leyendo con agrado. La historia que nos cuenta está ambientada en un pueblo figurado de Galicia, ubicado en la costa de Lugo. Tiene la originalidad de colocar como protagonista a un personaje que de hecho no llega a aparecer en directo, Justo Pastor. un niño del pueblo que perdió un ojo por causa de una flecha casera fabricada con la varilla de un paraguas y cuya vida y paradero son todo un misterio cuya averiguación entretiene al resto de personajes a lo largo de las 286 páginas de que consta la novela. Sin duda un relato original y curioso.

En mi lista de fravoritos, Pierre Lemaitre ha alcanzado la condición de escritor principal. Como decía, según consta en la contraportada del libro, Ramón Ventura en "El Periódico de Cataluña", "es "un autor imprescindible de la novela actual, policíaca o no". "Recursos inhumanos" es su última novela publicada en castellano, con el premio de mejor novela negra europea a cuestas y una crítica excelente, ... si a esto añadimos que fue el libro elegido por mis amigos de la tertulia del género negro de Huesca para regalarme con motivo de mi marcha de la ciudad, con la dedicatoria escrita de todos ellos, sobraban los motivos para leerla cuanto antes. Pienso que el regalo, cuestiones sentimentales aparte, ha valido la pena. Un guión original, un protagonista lleno de fuerza -un genuino "perdedor"-, junto a unos personajes trabajados y un contenido de crítica social, unido a una sátira demoledora de la crisis actual, han conseguido que la lectura fuera amena, interesante y, en aumento conforme avanzaba páginas, aditiva. La estructura de la novela, en tres partes perfectamente delimitadas: antes, durante y después, me ha parecido muy conseguida. Es la tercera novela que leo de Lemaitre y cada vez me gusta más.

Curioseando por internet descubrí este "Africanos en Madrid", una recopilación de relatos escrita por Nicolás Melini, un escritor y cineasta canario que leyendo la solapa del libro se comprueba ha publicado de todo y bastante. Componen el volumen seis relatos cortos y una conferencia pronunciada por el autor en homenaje a un hispanista senegalés fallecido. El hilo conductor de las historias, todas ellas con aura de verosímiles, es la vida de los emigrantes subsaharianos en la capital de España. Se trata de un libro que de entrada me resultó lo suficientemente atractivo para comprarlo, que en algún momento y comenzada su lectura, tuve la tentación de valorarlos como un poco "planfletillo" y con el que he terminado disfrutando de lo lindo. El contenido es de lo más plural: problemas de papeles y relación con la policía, amistades y amoríos con españoles y españolas, el problema de la ablación genital femenina, ... todo ello planteado en un tono humano, a veces desdramatizador y con visión positiva y profunda. La conferencia que se transcribe al final se convierte en una interesante llamada al mestizaje, al intercambio cultural y al amor a la patria de origen. Un nuevo acierto de la editorial "Reino de Cordelia".

Helga Muller, escritora  nacida en Rumanía y residente en Alemania, recibió el Nobel de literatura en 2009. Este hecho y el venir editada por "Siruela" me pareció aval suficiente para leer su última publicación en España, con un título tan original y complicado como "Mi patria era una semilla de manzana". Se trata de una serie de reflexiones autobiográficas plasmadas en forma de respuestas dadas a la filósofa y traductora Angélika Kramer. La conversación versa sobre la cruda juventud de la autora, marcada por su disidencia del régimen comunista de Nicolai Ceaucescu, las persecuciones sufridas por parte de la "Securitate" rumana y la huella que dejó en ella el colaboracionismo de su padre con los nazis y el largo internamiento de su madre -5 años- en un campo de concentración soviético. El relato de Muller es durísimo, además de ser realizado desde un planteamiento tremendamente negativo y pesimista. A pesar de tener la forma de entrevista, destaca sobremanera la calidad literaria de la escritura de Herta Muller, con unas descripciones de personas, lugares y hechos cargadas de metáforas y riqueza de vocabulario. Las vivencias de la escritora son de un interés vital e histórico importante y son contadas al detalle. La propia forma de escribir de la galardonada escritora y el tono constante de carga negativa que ofrece lo que cuenta exige concentración y paciencia en la lectura.

28 de abril de 2017

Tres cuestiones taurinas



En los últimos siete días se han acumulado motivos para que yo hable de toros. La llamada fiesta nacional es hoy cuestionada por bastantes, pero sigue produciendo afición y noticias.

La primera es el fallecimiento de Sebastián Palomo Linares, el torero jienense que falleció en el Hospital Gregorio Marañón de Madrid el pasado 24 de abril tras no poder superar una delicadísima operación de corazón. La prensa da muchas vueltas estos días a su situación sentimental, a las relaciones con sus hijos, al problema de su herencia, ... Para mí, fundamentalmente,  la figura de Palomo Linares me trae recuerdos infantiles, pues fue él uno de los grandes matadores que surgieron en la generación posterior a figuras de la categoría de Antonio Ordóñez, Diego Puerta, Paco Camino, "El Viti" o "El Cordobés". Recuerdo haberle visto siendo yo un niño en la Plaza de Zaragoza en su época de novillero, cuando junto a él sonaban nombres de jóvenes en alza como "Paquirri", Miguel Marquez o Angel Teruel. Palomo Linares fue un torero podroso que anduvo por las alturas del escalafón taurino mientras estuvo en activo y pasó a la historia por dos motivos: en la Feria de San Isidro de 1972 cortó un rabo en Las Ventas tras 37 años sin que nadie lo hiciera y mantuvo junto al "Cordobés" una particular batalla con los empresarios que les valió el nombre de "guerrilleros". Descanse en paz.

La segunda cuestión taurina que me llamó la atención durante estos días tiene que ver con Curro Díaz, matador de toros en activo, de raza gitana y paisano de Palomo. Se trata del típico torero con duende, con veinte años de alternativa, que fue cogido al entrar a matar a su segundo toro el pasado día de San Jorge en la Plaza de la Misericordia de Zaragoza. Díaz había realizado una gran faena y con la espada se jugaba cerrarla con corte de orejas. El torero lo dio todo en la estocada, tanto que resultó cogido en una pierna con una herida de 15 cm. En un gesto torero de pundonor y valentía espero, aguantando el dolor, a que el toro doblara y recogió dos merecidas orejas que paseó por el ruedo entre el clamor de un público admirado. Tras la vuelta al ruedo, pasó a la enfermería, donde hubo de ser operado. Toda una demostración de pundonor y torería.

La tercera referencia es menos llamativa. Durante mi infancia mi afición a los toros superaba a cualquier otra. De esta manera, no solamente me fijaba en las grandes figuras de la época, como la anteriormente mencionadas y algunas más: "El Litri", "Mondeño", Gregorio Sánchez, Jaime Ostos, Andrés Vázquez, Antonio Bienvenida, ..., sino también en toreros modestos, de esos que toreaban poco, en plazas de segunda o tercera y, frecuentemente, a toros difíciles, de esos de los que renegaban las figuras. Uno de esos toreros era Enrique Patón, un hombre nacido en Figueras, que desarrolló buena parte de su carrera en Cataluña, donde ahora han cerrado la puerta a los toros. De hecho tomó la alternativa en Barcelona en septiembre de 1967, siendo apadrinado por un torero que triunfó en la capital condal, "Chamaco" y en presencia del malogrado "Paquirri". El pasado día de San Jorge, finalizada la corrida en la que fue herido Curro Díaz, tuve la ocasión de saludar a Enrique Patón, en la actualidad empresario taurino con personalidad y prestigio, que me pareció un hombre cordial, inteligente y de cierta bonhomía.

25 de abril de 2017

El día de la Ronda


Asistí, como vengo haciendo cada año desde el 2002, a la celebración del Día de Aragón en el Palacio de la Aljafería, sede de nuestras Cortes . Este año había novedades, como el que se abrieran las puertas a trescientos ciudadanos de "a pié", con el loable fin de acercar las instituciones al pueblo. No obstante, para mí el gran acontecimiento de la jornada fue la entrega de la medalla de las Cortes de Aragón a la Ronda de Boltaña. Este grupo del Sobrarbe, que cumple 25 años con lozanía y permanente vocación de crecer, lo descubrí cuando llegué a Huesca en 2001 y me ha hecho disfrutar con una música y un mensaje muy especiales, a la vez que en ocasiones me ha servido como calmante de tensiones y remedio para elevar los ánimos. De  la Ronda forman parte mis amigos Ignacio, todo un ejemplo de optimismo y bonhomía y Montse, el corazón de oro de la abogacía de toda la provincia.

Magnífico el discurso de Manuel Domínguez, y, por encima de todo, deslumbrante y ejemplar la alegría que desbordaban todos y cada uno de sus miembros y familares, demostrando que también saben estar a la altura en eso de compartir y ser agradecidos. Cuando actúa la Ronda de Boltaña arrastra un algo especial, crea un ambiente que te envuelve en cercanía y emociones. Enhorabuena, rondadores!!!.

21 de abril de 2017

Adios a un veterano cantante argentino

El pasado lunes, 17 de abril, falleció en Madrid Eduardo Rodrigo. El cantante contaba 73 años y padecía una afección pulmonar que al agravarse le ocasionó la muerte. Había nacido en la provincia argentina de San Juan, aunque llevaba más de 40 años afincado en España. Estaba casado con  Teresa Rabal, hija de Paco Rabal y Asunción Balaguer, quien pasó de ser una prometedora actriz a cantar junto a su marido y desenvolverse como pez en el agua, también con Eduardo, en programas infantiles en televisión. Eduardo Rodrigo fue en su época el típico solista argentino de voz sólida y canciones en tono poético, como Alberto Cortez, Jairo, o el mismisimo Jorge Cafrune. Recuerdo que oí hablar por vez primera de este artista a principios de los años 60, cuando la prensa reflejó que volvía a España después de varios años en su tierra. Eduardo Rodrigo era un asiduo de esos festivales que se celebraban a lo largo del verano en localidades costeras como Alicante, Málaga o Palma de Mallorca. Su primer éxito en estos certámenes lo obtuvo en el Festival de Almería de 1971. aunque su gran éxito lo obtendría un año después en el Festival de Benidorm, el mismo que había consagrado en su día a Raphael y Julio Iglesias. La canción que interpretó y le llevó a la fama definitivamente se titulaba "A María yo encontré", la había compuesto Alfredo Alpín y fue muy vendida en su día.

Recuerdo perfectamente la edición del festival en la que ganó el cantante hoy fallecido. Era una de esas noches de julio, calurosas y largas, cuando las vaciones escolares  permitían trasnochar y acostarse tarde. En mi casa eramos, además, bastante aficionados a estos certámenes musicales. Ese año, 1972, habían llegado a la final algunos cantantes jóvenes que originaban el fervor de las jovencitas y se presentaban como favoritos. Los más destacados eran Daniel Velázquez, un madrileño de 26 años que en realidad se llamaba Ceferino Feito -parece comprensible la adopción de un nombre artístico- e  interpretaba "Tema de amor" y Federico Cabo, que había nacido en Badajoz, ya había vencido en el festival siere años antes con "Tu loca juventud" y presentaba el tema "Las enamoradas". A la final, además de Rodrigo, también  llegaron otros cantantes con nombre como Betty Missiego, Tito Mora y el grupo "Continuados". De hecho, "Las enamoradas" -o tal vez su atractivo intérprete- eran los favoritos del público, pero el jurado prefirió a un cantante más talludito -no demasiado, pues Eduardo Rodrigo contaba 28 años- y le dio la gloria al argentino, no sin alguna protesta de los asistentes.

Eduardo Rodrigo tuvo otras facetas artísticas además de esas canciones comerciales propias de los festivales. Fue un intérprete aficionado a canciones propias del folklore de su tierra -su padre era un español que había emigrado y su madre, argentina-, con un toque propio de poetas y trovadores. Un reflejo de ésto son temas como "Indio", "Quisiera" o "canción para María". Una vez retirado de la canción, allá por la década de los 80, se dedicó  junto a su mujer al mundo de los niños con el espectáculo "Una cigarra llamada Teresa", o programas de televisión como "La factoría", "Mazapán" o "La casa de la guasa", además de un circo ambulante que hizo las delicias del público infantil durante años.

Descanse en paz.