20 de noviembre de 2017

Lágrimas en siilencio


En la mañana de ayer, un magnífico domingo de noviembre, pasé por El Pilar. En su interior se reunía, como siempre, mucha gente. La zona del Altar Mayor estaba cerrada por celebrarse Misa y en la Santa Capilla reinaba  esa mezcla de paz, fervor y admiración de siempre. Tras rezar a la Virgen y hacer una pequeña escala en un lugar cercano en nombre de alguien que se lo merece, me dirigí a la parte trasera, donde se encuentra el medallón en el que se venera el Pilar. 

La cola para besar la santa columna no era larga, pero enseguida vi que había parón. Una señora de mediana edad, rubia y bien arreglada, estaba arrodillada con la cara "enganchada" a la columna y no hacía ademán de levantarse. La espera se hizo larga -es posible que subjetivamente- y todos los que esperábamos respetamos la devoción de la mujer y su evidente necesidad de descansar su estado de ánimo en tan trascendente lugar. Cuando se levantó, pude observar que lloraba.

Tras dar mi beso al Pilar y reincorporarme, pude observar que la referida señora esta a un lado, en un hueco de la pared, llorando desconsoladamente, con tanto silencio como signos evidentes de dolor. Como es lógico, quienes pasamos por allí lo hicimos con la discreción y el  silencio que las circunstancias requerían, aunque hube de rechazar la tentación de hacerle algún signo de ánimo y cariño: pensé que en momentos así uno necesita la intimidad y el anonimato.

No tengo ni idea, como es lógico, de los motivos que provocaban la tristeza y angustia, evidentes, de la pobre mujer. Ignoro si serían cosas de salud, penas familiares, angustias laborales, soledad, ... pero confío en no caer nunca en la indiferencia o frialdad ante las penas ajenas. La escena revivió en mi nterior a lo largo del día, y deseé que la Virgen, poderosa y, sobre todo, madre encontrara la forma de aliviar un dolor que sin duda era profundo.

8 de noviembre de 2017

Un cartel que parece vivo


La sección de libros de la tienda que tiene FNAC en el Coso de Zaragoza se ha convertido en una de las más frecuentadas por mí desde que vivo en mi ciudad de origen: no cierra al mediodía, está de paso entre mi casa y mi lugar de trabajo y suele andar bastante al día sobre las últimas novedades literarias. Desde hace un tiempo, en dicha sección -e imagino que en las de otras ciudades- se deja ver un cartel de cartón con la persona de la escritora madrileña Almudena Grandes como protagonista. El citado cartel, que hace publicidad de su última novela, "Los pacientes del doctor García",  es de tamaño natural y en el se refleja a la escritora con tanto acierto que de lejos incluso parece de carne y hueso. Las primeras veces que tras bajar las escaleras que acceden a la planta sótano, ví de lejos semejante figura llegué a pensar que se trataba de una persona de verdad, tan sólo al acercarme comprobé que era la célebre escritora y no se trataba más que de una foto grande.

He de reconocer que me encuetro bastante lejos de las posiciones ideológicas de Almudena,  incluso escribí hace unos años un post criticando alguna de sus declaraciones. Pero no es menos cierto eso de que "algo tendrá el agua cuando la bendicen", y que si tiene semejante tanto éxito, será porque acumula más de una virtud que lo motive. Tendré que plantearme leer algo escrito por ella para salir de mi ignorancia respecto de sus habilidades literarias. De momento, cada vez que me cruzo con "ella" para ponerme al día de las novedades más recientes, me sigo sorprendiendo de esa figura y esa mirada, tanto que la última vez hasta la saludé ... y juraría que respondió a mi saludo.

1 de noviembre de 2017

Lecturas de octubre


Al hablar de mis lecturas de octubre debo destacar haber concluído una nueva novela magnífica de Ignacio Martínez de Pisón, sin despreciar tres descubrimientos, uno procedente de Polonia y dos de USA. Se completan con un buen relato policaco-político de Chile y dos ensayos a los que llegué movido por la curiosidad.

"Imagina que no estoy", del estadounidense Adam Haslett, es una de esas novelas que centran tu interés en cuanto ves portada y argumento. Ya había leido en su día "Union Atlantic", un relato que anticipaba la crisis económica de la última década, y me había gustado bastante a pesar de ciertas dificultades para su lectura por razón de la temática. En este nuevo libro el escritor va por otros derroteros: nos cuenta la historia de una familia de clase media americana, con sus problemas de todo tipo y sus dramas personales. El esquema literario de Hasset consiste en la narración por capítulos y en primera persona de cada uno de los miembros de la familia, matrimonio y tres hijos, en torno a los cuales van apareciendo el resto de personajes de la trama. El centro argumental radica en la enfermedad mental del padre, quien sufre frecuentes periodos de depresión, afección que es conocida por su mujer en pleno noviazgo, creándole el crudo dilema de seguir adelante o no con la relación y casarse. El hijo mayor también sufre una enfermedad similar, lo que convierte la cuestión en parte principal de la novela.  Un libro que debe leerse despacio, al que alguna crítica alaba la capacidad de compaginar el drama con el humor ... aunque yo he visto mucho más de lo primero. De cualquier manera, su nivel literario es más que aceptable.

Luis Sepúlveda es un veterano escritor y periodista chileno  que también ha hecho sus pinitos en el cine. Su lista de premios literarios es notable y ya en su día me habían llamado la atención varias de sus novelas. El mes recién terminado surgió la oportunidad de leer su último título, "El final de la historia", un relato con cierta intriga editado por Tusquets y que, aunque se le suele incluir entre las novelas policíacas, no me atrevería a calificarla propiamente como de dicho género. Estamos más bien ante una historia de amplia extensión temporal: tiene sus raíces en el final de la 2ª guerra mundial, su fundamento en los últimos días de Salvador Allende y la dictadura militar que llegó tras el golpe que le derrocó y su desenlace en la actualidad. La novela tiene como protagonistas principales a una serie de personajes que quedaron desubicados tras esos tiempos tan convulsos de la reciente historia del país andino, todos ellos aventureros comprometidos en los diferentes bandos. El estilo literario de Sepúlveda recuerda algo al del argentino Ernesto Mallo en sus magnífica serie del Comisario Lazcano, mucho más en las formas que en la ambientación. Creo que el guión está bien desarrollado, la novela bien escrita y que el final es original, nada predecible.

"Persiguiendo a Cacciato" es una novela con la que el escritor nacido en la localidad de Austin (USA) Tim O'Brien ganó en 1978 el prestigioso premio "National Book Award". La editorial Contra ha publicado este año una nueva edición, uno de cuyos ejemplares conseguí encontrar libre mediado septiembre en la Biblioteca Pública de Zaragoza. O'Brien, quien tras licenciarse en Ciencias Políticas fue llamado a filas e intervino como soldado de reemplazo en la Guerra del Vietnam en 1969 y 1970, aprovecha su conocimiento directo del choque para contarnos la historia, más bien surrealista, de la huida de un joven recluta llamado Cacciato, quien pretende desde la base de operaciones en Saigón llegar nada menos que a París. Los personajes protagonistas son los componentes de la brigada que sale en busca del insensato soldado. La novela tiene abundantes flash back en los que el autor aprovecha para darnos una visión dura y real de lo que fue esa guerra. Hay quien considera el relato como la gran novela sobre la guerra del Vietnam, ... pienso que no anda descaminado, con la virtud de adornarla con esa aventura soprendente llena de imaginación y hasta de cierta comicidad. Un libro para leer con calma y cuya reedición es un acierto, pues hay novelas que nunca pasan de moda.

Manuel Jabois es un periodista gallego que tras escribir sus columnas en "El Mundo", lo hace ahora en "El País". Parece ser uno de los más brillantes de su generación -nació en 1978- y le gusta mantener distancia con las ideologías políticas, mostrar un tono que mezcla la ironía y el escepticismo con cierto sentiodo del humor y que me fue vivamente recomendado por Brunetti, uno de mis consejeros trasversales, quien insistió en que sus mejores artículos los cerraba Jabois cuando hablaba de fútbol. También es un brillante escritor, por lo que me decidí a leer "Nos vemos en esta vida o en la otra", un ensayo periodístico en el que nos cuenta la historia de Gabriel Montoya, el único menor condenado por los atentados del 11 de marzo de 2004. La historia de "Gabi" sirve para desarrollar toda la trama asturiana de sustracción y transporte de explosivos en el que aparecen personajes cuyos nombres  nos suenan a todos: Emilio Suárez Treshorras, su mujer Carmen, su cuñado Antonio Toro, Rafa  Zouhrier, "El Chino", ... El tema es, sin duda interesante, pero la lectura me ha resultado en exceso monótona, falta de chispa y con pocas aportaciones novedosas. Me ha gustado algún sucedido o encuentro que acredita la personalidad de los protagonistas, pero esperaba más. Como digo tantas veces, es posible que estas limitaciones puedan venir de no saber encauzar y digerir bien la lectura ... en cualquier caso, lo próximo que leeré de Jabois será de fútbol.

Tenía interés en leer algo de Jorge Volpi, joven escritor mejicano -nació en 1968- que lideró la llamada "generación del crack", movimiento literario del país azteca que formó junto a  Ignacio Padilla, Eloy Urroz, Pedro Angel Palou, Ricardo Chávez Castañeda y Vicente Herrasti. He comenzado a leer a Volpi con una recopilación de artículos, publicados la mayoría de ellos en el diario mejicano "La República", que tienen como protagonista, y objeto de tremenda crítica, al presidente norteamericano Donald Trump. Lleva como título "Contra Trump", y como comentario adjunto en la portada "Panfleto urgente", que me parece refleja muy bien la intención del autor. Se trata de una serie de artículos más bien breves publicados durante la larga campaña electoral USA y después de la sorprendente elección del magnate neoyorquino como inquilino de la Casa Blanca. Se trata de un auténtico elenco de libelos, lleno de fuerza, con cierta componente de visceralidad y muy bien escrito. Volpi se centra sobre todo en las consecuencias de la llegada de Trump al poder para su país Méjico, la construcción del muro, la expulsión de los "sin papeles", ... y no ahorra calificativos para las intenciones y decisiones del magnate pasado a la política, defendiendo la situación de los mejicanos que atraviesan la frontera, quienes deben ser considerados como personas cuyos derechos deben defenderse y no como delincuentes en potencia. También critica lo que entiende como tibieza y cobardía por parte de los mandatarios de su país. Un conjunto de artículos que viene muy bien leer, que tal vez haya que matizar en algún caso pero que te conectan inmediatamente con un tema en el que están impicados los derechos humanos.

"Tragar mercurio" es la primera novela de la escritora y poetisa polaca Wioletta Greg; con esta obra su autora quedó finalista del último premio "Man Booker International" y, tras leerla, me planteo lo mismo que un crítico que leí en internet: "no me explico cómo no lo ha ganado". Me ha parecido  una libro delicioso, muy bien escrito y lleno de snetimientos y nostalgias grabadas en los recuerdos de la escritora, ya que se trata de un relato autobiográfico. No hay una trama concreta, sino que cada capítulo aporta la narración de hechos aislados con la misma protagonista, la propia autora cuando era una niña, que viene a convertir en libro en una estupenda relación de "escenas" concretas de la existencia de aquélla, Está ambientado en la Polonia de los años 80, la del general Jaruzelski, el sindicato solidaridad y Lech Walessa, con la nueva esperanza traída por un Papa que es polaco, Juan Pablo II. Greg nos habla de una Polonia rural, de su infancia vivida en un ambiente de ausencia de libertad y auténtica pobreza, a pesar de lo cual el libro no constituye una enumeración de dramas, sino un relato donde cabe la alegría y el sentido del humor. La edición, de "Ediciones Rata", viene acompañada de una serie de fotos ilustrativas y un magnífico epílogo de Milo J. Krmpotić que contiene 26 breves puntos que nos dan una explicación e interpretación del libro francamente interesante. A mí me ha gustado mucho.

Leer a Ignacio Martínez de Pisón es apostar por esa combinación tan atractiva como es la de la calidad literaria y la capacidad de entretener. Tras terminar "Derecho natural" tal opinión queda plenamente ratificada. Facilita mucho las cosas el que el autor zaragozano -y zaragocista- sitúe su relato en épocas como los años 70 y 80 tan conocidas por los de mi generación y, por lo tanto, con tanta capacidad para identificarse con ellas. Además, la novela está ambientada en Madrid y Barcelona, ciudades con capacidad de ayudar a meterte en la lectura con especial agrado: casi nada suena a desconocido. Aún tratándose de un relato lleno de realismo, Martínez de Pisón aporta también su toque de originalidad, como es el caso del padre del protagonista y relator de los hechos, un actor de cinbe de tercera fila que termina viviendo de sus imitaciones de Demmis Rousssos. La Barcelona de zonas tristes y pobres de los 70, la Universidad de la época, la movida madrileña, los propios sucesos políticos y sociales de esos años, sirven de medio de poner ritmo y ubicación a lo que el autor nos cuenta. En suma, una magnífica novela que invita a que cada novedad con la firma de Ignacio Martínez de Pisón sea lectura obligada.

30 de octubre de 2017

En torno a un relato de Ignacio Aldecoa


Ignacio Aldeoca es uno de los grandes escritores de esa corriente neorrealista española de la que es principal representante junto a Jesús Fernández Santos y Rafael Sánchez Ferlosio. A pesar de su corta vida -falleció a los 44 años- nos dejo obras magníficas -"El fulgor y la sangre", "Con el viento solano", "Gran sol", ...-. No obstante, no me parece osado afirmar que sus mejores trabajos son esos cuentos breves tan bien recopilados en su día por "Alianza editorial", en los que refleja, con crudeza y notable perfección literaria, la vida de los más desfavorecidos. Se trata de relatos tristes, aunque no exentos de cierta ternura.

Uno de los más conocidos es "La tierra de nadie", una breve narración ambientada en un campamento de instrucción de reclutas ubicado en una de esas tierras desérticas que bien podrían estar en Castilla, Los Monegros o Extremadura. Aldecoa describe con aciertom indicutible el ambiente militar, donde conviven los jefes, rigurosos y distantes, y los soldados, generalmente gente ruda y sencilla, procedentes de esos pueblos de los años 50 y 60 en los que imperaba la pobreza y el analfabetismo. Fue el relato de cabecera de uno de aquellos libros editados por RTVE a finales de los 60.

El autor nos sitúa en uno de esos días de fiesta en los que los militares ponen los medios para celebrar y disfrutar el momento, mientras permiten a sus subordinados ciertas licencias, ... por supuesto limitadas y dentro de un orden. En un momento dado el coronel busca un soldado para que vaya a la cantina a por un par de botellas de vino. Aparece un voluntarioso "sorche" a quien entrega 15 pesetas, y raudo y veloz cumple su misión, devolviendo la peseta que sobra y ofreciéndose a entregar en su momento los cascos, por los que le reembolsarían dos reales.

Con frialdad y distancia, el coronel le dice que acuda en cuanto pueda a su despacho. Esta orden  inesperada crea en el recluta unas expectativas, que van creciendo conforme lo comenta con sus compañeros. Un ascenso, un permiso, un destino más importante, un cambio de plaza, ... son posibilidades que hacen florecer la ilusión del muchacho. A la hora de la verdad, la entrevista es fría y corta, el oficial le pregunta si sabe escribir a máquina, contestando el mozo que había aprendido a escribir allí mismo y que en su pueblo trabajaba de pastor o bracero, según surgiera la oportunidad. El coronel se limita a comentarleque se ya puede ir  ... "¿ordena alguna cosa más?" es la protocolaria respuesta que supone a la vez la última llama de esperanza. El cuento termina con el recluta apoyado en un árbol, las manos en la cara y conteniendo el llanto.

Se trata de un relato triste, que mueve al desaliento, que rezuma desazón, esa frustración de aquéllos que parece hayan venido al mundo a recibir bofetadas, ... la del cuento más bien leve e intrascendente, aunque muchas veces  el dolor y el vacío vienen más del desprecio y la soledad que de la intensidad del golpe. El escritor vitoriano refleja los daños de la indiferencia, de la actitud distante, del error de no ponerese en el lugar del otro, ... además de ser una auténtica parábola sobre el poderoso y el débil, donde aún sin haber maldad, quien ostenta el mando se muestra incapaz de ver más allá de sus cortos y rutinarios criterios y protocolos.

Y es también una metáfora de la vida: ¡cuántas veces hemos visto insatisfechas las expectativas que nos crean algunos sucesos y nuestra imaginación!, ... y, tal vez,  ¡cuántas no nos hemos dado cuenta que alguien a nuestro lado esperaba algo más de nosotros!.


26 de octubre de 2017

Un grupo, un tema


No creo que sea ni exagerado ni aventurado afirmar que Los Secretos constituyen parte imprescindible de la historia de la música pop española de las últimas décadas, grupo de referencia para unas cuantas generaciones, entre ellas, por supuesto la mía, quienes ya peinamos canas y tenemos los 60 pisándonos los talones. Hay muchos otros nombres con igual protagonismo -Loquillo, Alaska, Antonio Vega, Manolo Tena, los hermanos Cano y Ana Torroja, ...- pero es posible que los hermanos Urquijo y su grupo reflejen como ninguno el espíritu de una época y sus temas nos pongan siempre la carne de gallina.

Me encantan muchas canciones de "Los Secretos" ... yo diría que todas: "Déjame", "La calle del olvido", "Quiero beber hasta perder el control", "Agarrate a mí maría, "El bulevard de los sueños rotos", "Ojos de gata", "Y no amanece", "Ojos de perdida", ... Pero si hay alguna que desata nostalgias, pasiones y ternuras es "Pero a tu lado". Dejo aquí una versión instrumental y en directo.


17 de octubre de 2017

Mi homenaje a Vitorino


El pasado 3 de octubre falleció en la localidad extremeña de Portezuelo (Cáceres) el célebre ganadero Vitorino Martín. Había sufrido poco tiempo antes un accidente vascular y su vitalidad no fue suficiente para superar la crisis. Había nacido hace 88 años en el pueblo madrileño de Galapagar, de donde le viene su famoso apelativo de "el cateto de Galapagar", sobrenombre que intuyo tiene más de castizo y cariñoso que de despectivo.

El mundo del toro del último cuarto del siglo pasado y del tiempo que llevamos del actual no se puede entender sin la influencia de la ganadería de este hombre de aspecto rudo, pero de inteligencia y constancia notables. Al ganadero fallecido le costó llegar a la cima, y hasta el indulto del toro "Belador", lidiado por Ortega Cano en la Corrida de la Prensa celebrada en la Plaza de Las Ventas el 19 de julio de 1982 sus toros eran considerados unos animales peligrosos a los que pocos querían enfrentarse. El citado indulto le dio prestigio y, a pesar de la bravura de los cornúpetas muchos toreros se peleaban por formar parte de las ternas en las que se lidiaban los famosos "vitorinos".

La ganadería de Vitorino Martín coincidió con un resurgir de la fiesta taurina, que había perdido fuerza a partir de la retirada de diestros míticos como "El Cordobés", Diego Puerta o Santiago Martín "El Viti". El momento cumbre de esta ganadería lo constituyó la llamada "corrida del siglo", un festejo  celebrado en Madrid el 1 de junio de 1982 durante la Feria de San Isidro y en el que Vitorino presentó seis toros espectaculares con los que triunfaron por todo lo alto tres toreros de valor: Francisco Ruiz Miguel, nacido en San Fernando (Cádiz) y que llegó a la cima a base de pelear con morlacos que nadie quería lidiar, Luis Francisco Esplá, un alicantino con dotes de intelectual y amante de revivir viejos usos taurinos y José Luis Palomar, un modesto soriano que alcanzaría ese día la fama. Los tres diestros salieron a hombros en compañía del propio ganadero.

Con este festejo creció aún más la leyenda de Vitorino, un hombre del toro de pies a cabeza, constante hasta la tozudez, perfeccionista, exigente y castizo. Descanse en paz.


12 de octubre de 2017

Feliz día del Pilar


Para todos, maños y no maños, mis deseos de un día muy feliz. Que la Virgen del Pilar nos proteja y nos cuide hoy y siempre.

En sus manos quedan mi familia, mis amigos, mis gentes y mis compañeros de trabajo.. Que su intercesión se acentúe para aquéllos y aquéllas que no viven su mejor momento, quienes pasan por penas, dolores y agobios y por mi nación, España.

1 de octubre de 2017

Libros para terminar el verano


En septiembre mis lecturas han sido muy variadas, con tres ensayos y cuatro "ficciones". Cualquiera de los primeros lo recomendaría sin temor a equivocarme, por mucho que en los tres se contienen cuestiones opinables, de esas que enriquecen cualquier debate. En los otros cuatro destacan un clásico europeo y una buena intriga, a los que cabe añadir una entretenida novela histórica y una última que no me ha gustado, y ya lo siento.

Los grandes narradores centroeuropeos de mediados del siglo pasado son siempre una apuesta segura a la hora de escoger una lectura. Stefan Zweig, Joseph Roth, ... son escritores que no  fallan prácticamente nunca. No había leído nada del vienés Arthur Schnitzler, médico de profesión y uno de los grandes de la literatura austriaca. Hace tiempo que me habían recomendado "Apuesta al amanecer", un breve drama publicado en "Acantilado" y que relata con maestría las desdichas en el juego de un joven militar austriaco. Schnitzler nos cuenta de forma maravillosa la torpe y triste historia del alférez Wilhelm Kasda. El ritmo narrativo no pierde fuerza en ningún momento, el autor se centra en detalles que nunca sobran y  consigue crear una tensión y una atención llamativas. Excelente elaboración de los personajes, trama interesante e inquietante y estilo literario de primerísima calidad conforman una novela altamente recomendable. El libro venía con el aval de gente experta y sin ninguna duda ha estado a la altura de las expectativas.

Estas vacaciones un viejo amigo de la adolescencia me recomendó "El color de los ángeles", una novela de la sevillana Eva Díaz Pérez que trata sobre el pintor, también de Sevilla, Bartolomé Esteban Murillo. Considero interesante saber más, aunque sea por la vía de la ficción,  de la vida de los grandes artistas y a esto cabe añadir que hacía ya bastante tiempo no pasaba por mis manos una novela histórica. Con tantos argumentos a favor estuve pendiente de que el ejemplar correspondiente quedara libre en la Biblioteca de Zaragoza y entre el 1 y el 15 de septiembre inicié y concluí una lectura que me ha ido gustando más conforme avanzaba en ella. Con un estilo ágil y un lenguaje culto -tal vez en algún momento algo"relamido"- nos habla sobre la intensa y en momentos trágica vida del pintor, sus dilemas sobre la procedencia de ampliar el tema de sus cuadros -habitualmente encargos para decorar iglesias y capillas- a temas mundanos y el drama que constituyó la pérdida de tres de sus hijos en la terrible epidemia de peste que afectó en su época a la ciudad andaluza. El libro nos sirve para profundizar en una figura apasionante de la pintura española, con datos que al menos yo desconocía,  darnos una visión bastante completa de las grandezas y miserias de la Sevilla del siglo XVII y mantener una intriga interesante que se desarrolla principalmente en la segunda mitad de la novela. La autora va y viene en el tiempo sin que eso afecte a la adecuada lectura. Recomendable para quien disfrute con el género histórico.

Fabrice Hadjadj es un judío converso nacido en la localidad francesa de Nanterre hace 46 años y que ha escrito mucho durante los últimos tiempos. Este verano me recomendaron "La suerte de haber nacido en nuestro tiempo", un breve ensayo de apenas 60 páginas, reflejo de una ponencia que le encargó en su día un cardenal francés, donde trata, desde una perspectiva católica, de diferenciar entre la simple militancia y la convicción y conversión interior, relejando una visión optimista del modo de plantearse la vida y el ejercicio de las propias convicciones por parte de los católicos en estos tiempos complicados que vivimos. El libro, en el que se intuye -casi se toca- el estilo y la enseñanza del Papa Francisco, está muy bien escrito, con continuas referencias a otros autores y pensadores llenas de significado y una profundidad que suple con creces su poca extensión. Está lleno de ideas sugerentes, de sentido profundo y reflexiones interesantes. Se lee en poco tiempo, aunque exige atención porque cada frase significa algo, no hay ni un ápice de paja. Un autor a seguir que no deja indiferente.

Uno de los libros de pensamiento que más ha sonado por diferentes medios durante los últimos meses ha sido "Sobre la tiranía", escrito por el historiador de la Universidad de Yale Tímothy Snyder. Tras leerlo me ha parecido indiscutible que estamos ante  un ensayo elaborado como reacción a la inesperada elección de Donald Trump como presidente de los Estados Unidos. La forma elegida por Snyder para redactar el texto consiste en es  plantear 20 cuestiones que va resolviendo con brevedad y, en mi opinión,  acierto. Cada apartado resulta sugerente y va aportando ideas para enfrentarse a los peligros del autoritarismo, de la mentalidad totalitaria que asoman en el panorama de Occidente, algo que en algunos casos ha llegado a  adquirir carta de naturaleza. De esta manera este intelectual norteamericano va desarrollando su visión de temas como el patriotismo, el binomio libertad/seguridad,el uso manipulador de palabras y vocabulario, la necesidad de leer e informarse para tener opinión propia, la ética profesional en la política, el periodismo, los peligros de las redes sociales, ... y muchos más. Es de agradecer la clarividencia de Tímothy Snyder, la abundante motivación de lo que nos cuenta y la buena estructuración de libro, lo que facilita su lectura y su valor como fuente permanente de ideas.

Cuando encargué "El eco de los disparos", de Edurne Portela, pensé que se trataba de un ensayo más en el que se hablaba de ETA como protagonista de una larga y lamentable historia, pero nada más comenzar su lectura comprobé que la pretensión de la periodista vasca iba bastante más allá: no me enfrentaba  a una simple exposición de buenos y malos. Eso sí, Portela no cae en esa equidistancia que tan poco me gusta, en ningún momento omite la condena a los actos realmente execrables protagonizados por la banda terrorista, pero a la vez intenta darnos una visión con más caras. El libro se divide en varios capítulos, en cada uno de los cuales y a partir de varias vivencias e historias concretas y breves, la autora desarrolla largas conclusiones, que aunque en ocasiones no son fáciles de seguir, son también amenas, a lo que colabora el estar aderezadas con comentarios sobre obras literarias y cinematográficas en torno al tema. Todo lo que nos cuenta Edurne Portela es muy sugerente, y aunque no termine de compartir todas sus posiciones, creo que estamos ante una obra enormemente honesta. Me parece un libro muy valioso e imprescindible para todo aquél que tenga interés en profundizar en el tratamiento de la época posterior a la violencia de ETA. Portela acaba de publicar una novela con la misma temática que pienso no me resistiré a leer: "Mejor la ausencia", también editada por "Galaxia Gutemberg" con su pulcritud habitual.

Tenía ganas de leer algo de Tana French, una escritora nacida en Vermont, pero que vivió años en Irlanda y ambienta sus novelas policíacas en Dublín. Aunque conocido es mi criterio de leer los relatos de intriga por orden de aparición, en este caso lo he hecho al revés, comenzando con su muy recomendada última publicación, "Intrusión", incluida, por ejemplo, entre las nueve mejores del género en la primera mitad de este año por "Babelia". La trama se sitúa en la Brigada de Homicidios de la Comisaría de Dublín y la protagoniza una joven inspectora, Antoinette Conway, quien debe de luchar contra viento y marea -compañeros de brigada incluidos- para desentrañar las costuras de la muerte violenta de una mujer. Las novelas de French son esencialmente "policíacas", enganchadas siempre dentro de la investigación de un caso concreto. Al menos en el caso de "Intrusión" no estamos ante la clásica escenografía al "estilo Agatha Christie" de personajes variados y autoría que no se resuelve hasta el final, sino que aquí lo importante es la propia investigación, la cual no depara sorpresa alguna si nos referimos a la identidad del autor, pero sí respecto de los entresijos concretos. Buena novela, escrita por una autora digna de seguir y tener en cuenta, aunque sus 528 páginas de extensión es posible que sean demasiadas.

Me apetecía leer una novela romántica y me entró por los ojos "No me dejes", un relato ambientado en París e inspirado -así se refleja en el propio subtítulo de la portada- en "Ne me quitte pas", el inmortal tema de Jacques Brel, considerado la más bella canción de amor escrita nunca. El autor es Máxim Huerta, periodista y escritor valenciano que está teniendo bastante éxito con este tipo de novelas "tiernas". Sin duda la canción de Brel ha pasado a la historia, algo que dudo bastante ocurra con este libro, que -me duele decirlo- me ha decepcionado. Como tantas veces digo cuando mi crítica no es positiva, es posible que no haya sabido realizar la lectura debida, pero a lo largo de la misma no he conseguido encontrarle el truco al escritor. Huerta nos cuenta las soledades y dolores sentimentales de cuatro protagonistas, añadiendo una especie de "narrador" cuyo papel no he logrado descifrar, saltando de personaje en personaje sin demasiado orden y concierto y con un argumento que me ha parecido más bien flojo. Solamente buscaba lo que algunos llaman un "rollo de amor", pero no he encontrado satisfacción a mis pretensiones. Las críticas que he encontrado en la red han sido positivas, de lo que dejo constancia para dejar una puerta abierta a quien se plantee leerlo. En mi caso, cuando de buscar novelas románticas se trate, creo que la próxima vez acudiré a clásicos como Victoria Holt, Nicholas Sparks, Nora Roberts o Rasamunde Pilcher ... por ejemplo.

28 de septiembre de 2017

Ecos de infancia


Es posible que conforme cumples años, tus recuerdos vayan siendo más selectivos. E imagino que, al quedar más lejanos en el tiempo, es algo que ocurre de modo especial con los de la infancia. Mi infancia, como la de tantos de mi generación tuvo bastante de feliz, era una época de desarrollo económico, la complicada situación política del país no trascendía en exceso a unas simples criaturas y entre los planes familiaresm los cariños de padres y abuelos, las incidencias colegiales, las primeras amistades, con las que protagonizabas planes bien poco sofisticados y lo que te dejaba ver la única televisión de entonces, los años pasaron sin sobresaltos. Y con todos los condicionamientos y circunstancias que podamos pensar, no queda en mi memoria, que aún goza de buena salud, recuerdos de engaños ni manipulaciones. Quedaba, por lo visto muy lejos, eso de la posverdad, un concepto que debería estudiar mejor, pero que así de entrada me comienza a producir urticaria.

Por eso me sorprende, me enfada y me duele el que se utilice a los niños para cuestiones que están tan alejadas de las actividades que le son propias. Los niños, a estudiar, a foirmarse, a aprender a respetar a todos y a jugar. No me rasgo las vestiduras, entre otras cosas porque por mi profesión -y por las canas que luzco- he visto cosas mucho más gordas y niños que son víctimas de agresiones bastante más graves, pero utilizar infantes para reivindicaciones políticas y banderías locales, sean del signo que sean, lo veo reprobable ... y aquí intento contener mi vocabulario. ¡Que Dios nos proteja a todos!, que nos aleje, si es que es posible en algún caso,  de fanatismos e histerias ... y que respetemos un poquito más a la infancia, que no debería estar para según que cosas.

8 de septiembre de 2017

Muerte de un cómico


El pasado 20 de agosto falleció en Las Vegas Jerry Lewis. El actor, nacido en Nueva Jersey, contaba 91 años y ya hacía tiempo que andaba delicado de salud. Lewis fue una auténtica leyenda de la comedia americana -por lo tanto, también de la comedia mundial- y consiguió su primera notoriedad formando una indudable pareja con Dean Martin, un duo en el que Martin era el siempre el galán y Lewis, el bufón. El actor fallecido tenía una personalidad muy definida, y un estilo de humor, abundante en gestos y movimientos convulsos, que podía no gustar a todo el mundo. De lo que no hay duda, es que fue un genio en lo suyo, y un triunfador que no se limitó a interpretar, pues también fue cantante, director y productor de cine y guionista.

En el obituario de Sandro Pozzi en "El País" se cita a "En guerra con el ejército" (1950), dirigida por Hal Walker, "Loco por Anita" (1956), dirigida por Frank Tashlin, "El terror de las chicas"  (1961),  y "Las joyas de la familia" (1965), las dos últimas dirigida por él mismo, como sus películas más célebres. Sin duda, cabría añadir "El profesor chiflado" (1963), una de sus cintas más piopulares, características y representativas. El citado Pozzi refleja nos cuenta que "Su nombre figura en más de 60 películas, incluyendo su labor como productor. Ocasionalmente también dirigió series de televisión. Sus detractores le reprochaban haber sido demasiado repetitivo con su humor. Como otros artistas caracterizados por una personalidad compleja, era más querido fuera de EE UU, donde se le comparaba con Chaplin y Buster Keaton". Queda claro que Jerry Lewis no despertaba precisamente indiferencia, y que cu "currículum" evidencia una enorme capacidad de trabajo y de genio artístico.

En mi memoria queda haber visto tres films de Lewis. El primero de ellos, "Tres en un sofá" (1966), un film que dirigió e interpretó junto a Janet Leigh y que vi siendo muy niño en el Cine Mola de Zaragoza, con una temática que me hace sospechar que no me debí enterar de nada. En una de esas reposiciones veraniegas del Cine Latino fui a ver "El recluta" (1957), que había sido dirigida por George Marshall y en cuyo reparto aparece un secundario tan significativo como Peter Lorre; recuerdo que la película era en blanco y negro y haberme reido bastante. la obra de Lewis que quedó en mi retina con más agrado fue "Lío en los grandes almacenes" (1963), de Frank Tashlin, vista en una de esas tardes de domingo en el salón de actos del colegio de la Enseñanza de la calle Bilbao, en la que Jerry interpretaba con acierto total el papel de novio inútil de hijo consentida de rico americano, propietario de unos grandes almacenes que regía con mano de hierro su esposa, cuyo papel correspondía a Agnes Moorehead, quien hasta entonces era para mí era la tremenda madre de Samantha Stevens en "Embrujada", con ella trabajaban también dos secundarios inolvidables: John McGiver y Ray Walston. 

El actor norteamericano era uno de los grandes de la historia del cine de su país y del mundo que permanecía con vida. Era sabida la fragilidad de su salud, y tras una larga vida llena de frutos artísticos ha llegado la hora de entrar en el lugar reservado a los mejores. Descanse en paz.

5 de septiembre de 2017

¿Hasta dónde quiere llegar Corea del Norte"


Ya se que Putin no tiene buena prensa, que lo que dice y hace suele ponerse en cuarentena. Pero lo último que le he leído me ha puesto los pelos de punta y no debería caer en saco roto: "La histeria militar en torno a Corea del Norte puede conducir a una catástrofe planetaria". No soy capaz de interpretar lo que pretende decir o insinuar el máximo mandatario ruso, pero ya van unos cuantos días que tiendo a tomarme en serio las alarmas que saltan en cuanto ese personaje llamado Kim Jong-un comienza a lanzar amenazas y a mostrar sus poderes ... lo último, probando una bomba de hidrógeno "quién sabe donde". Hasta hace poco tendía a pensar que esas adertencias no eran más que "Boutades", delirios de alguien cargado de ego, vanidad y delirios de grandeza y poder. De un tiempo a esta parte, comienzo a pensar que no deja de haber motivos de alarma.

Y con ese supuesto poder armamentístico y la naturaleza del individuo en cuestión, las alarmas que surjan no deberían ser ni escasas ni leves. Más vale tomarse en serio estas cosas, y tratar entre todos de superar divisiones y dedicar las mejores cabezas pensantes en los temas pertinentes para ver como enfrentarse a un problema. No digo que las palabras de Putin me parezcan proféticas -¡esperemos que no!-, pero periódicamente me viene a la cabeza eso de que en Occidente andamos demasiado cómodos y corremos en peligro de que el próximo susto sea muy grande

1 de septiembre de 2017

Lecturas vacacionales


Las vacacciones han dado para diez libros, cifra que no está mal, por mucho que alguno ya viniera empezado de julio e incluso de unos cuantos meses más. Todos los leídos han tenido su encanto y han cubierto las expectativas -que no eran igual de altas en todos los casos-, aunque tengo que destacar mi primera experiencia literaria con Guy de Maupasant y un magnífico ensayo cobre el rey Leopoldo II de Bélgica y el Congo.

Hernan Rivera Letelier es un escritor chileno con tan buen nombre como generosa producción. Aunque ha llegado a realizar una afirmación tan rotunda como que “las novelas negras me aburren a morir”, se ve que no ha resistido la tentación de escribir una, y hace no demasiados meses “Alfaguara” publicó “La muerte es una vieja historia”, una originalísima novela policíaca ambientada en un pueblo chileno y protagonizada por dos personajes tan geniales como sorprendentes: un investigador privado que hasta el caso de autos solamente se dedicaba a casos de infidelidades conyugales y una peculiarísima monja de la caridad … no sabría decir cuál de ellos me ha hecho reír más. La historia no tiene ni pies ni cabeza y las situaciones descritas son tan curiosas como desternillantes. Rivera tiene una gracia enorme para reflejar el tono satírico y divertido de la historia, escribe de forma ágil y aprovecha para incluir una marcada crítica social, cuestión que parece inevitable en las novelas policíacas del nuestro tiempo. Utiliza muchos términos propios de la zona, lo que exige estar con diccionario al lado y puede espantar a algún que otro lector que yo conozco.

Los veranos suelen ser propicios para la aparición de thrillers de moda que terminan vendiéndose como rosquillas. Fue el caso de “La verdad sobre el caso Harry Quebert” en 2013 y, hace un par de años, de “La chica del tren”. Este años el “superventas” indiscutible ha sido “La sustancia del mal”, ópera prima del italiano Luca d'Andrea. Una difusión anticipada, un tema atrayente y una crítica favorable han servido para que muchos lectores, entre los que me incluyo, lo hayan convertido en lectura obligada de estas vacaciones. Cuando una novela provoca tanta expectación uno intuye dos peligros: que todo sea un producto de mero márketing y que a la hora de la verdad no cubra las expectativas abiertas. En lo que se refiere a la segunda cuestión, puedo confirmar que en mi caso ha respondido a lo esperado -entretenimiento y originalidad-, pues la he encontrado amena, me ha parecido una intriga bien construida, con una lectura aditiva y un desenlace que no decepciona. Ahora bien, no me atrevo a asegurar que su éxito no ande relacionado con su promoción, ni que se trate de una joya del género. De cualquier manera nos encontramos con un relato ambientado en un escenario tan atractivo como los Alpes austriacos y un argumento tan interesante como el de un periodista americano que desempolva la investigación fracasada en su día de un espeluznante triple crimen sucedido en una montaña majestuosa -el Bletterbach- y que afecta a un pequeño pueblo de montaña -Siebenhoch-, un lugar cerrado cuyos habitantes reciben con recelo y agresividad que alguien trate de hurgar en el pasado. Lo que d'Andrea relata contiene, eso sí, elementos bastante inverosímiles. Hay quien la ha comparado con Stephen King y Jo Nesbo … del primero recoge cierta toque “escatológico”, pero ni se me ocurre qué similitud puede tener con el escritor noruego. A Brunetti no le ha gustado nada, y su opinión tiene prestigio.

Manuel Alcántara es un veterano poeta y periodista malagueño. Poseedor de una forma de escribir original, culta y brillante, sigue siendo a sus 89 años un fijo de las columnas de muchos periódicos nacionales. Una de sus grandes aficiones ha sido el boxeo, realizando durante once años las crónicas boxísticas del diario Marca. Dichos años (1967-1978) coincidieron con la mejor época del boxeo español, y con las mejores de ellas se publicó en 2014 una recopilación titulada “La edad de oro del boxeo”, libro con el que he disfrutado mucho durante la primera semana de agosto. Alcántara no es un mero relator de combates, sino que escribe con un arte especial, convirtiendo sus crónicas en magníficos relatos que perduran en el tiempo. Los autores de la recopilación, Teodoro León Gross y Agustín Rivera, quienes también redactan el prólogo y firman la entrevista a Manuel Alcántara -interesantísima por cierto- que figura tras sus crónicas, han reunido quince espléndidos trabajos, en los que me he deleitado recordando el campeonato mundial obtenido por Legrá frente a Winstone, los míticos combates de Pedro Carrasco frente a Mando Ramos, el europeo que Urtain ganó en Madrid al alemán Peter Weiland, el triunfo de José Durán en Japón ante Wajima o el mundial que consiguió Perico Fernández en Roma ante el nipón Furuyama, entre otros. Un excelente testimonio periodístico y deportivo.

Guy de Maupassant fue sin duda uno de los grandes escritores de la siempre excelente narrativa francesa; aún sabiendo ésto, todavía  no había leído nada suyo. Maupassant fue un hombre de poco equilibrio, atormentado y poseedor de un carácter complejo, tanto que falleció joven y enloquecido. Fue un maestro de los relatos cortos, comparándosele con Poe y Chejov. En la biblioteca del lugar donde he pasado mis vacaciones encontré “Los domingos de un burgués en París”, en una moderna y cuidada edición de “Periférica”, por lo que consideré que había llegado la oportunidad de comenzar a conocer también sus escritos. Se trata de una novela breve, satírica y de una perfección literaria notable. Maupassant realiza una crítica mordaz y despiadada de la burguesía parisina, reflejada en el ridículo protagonista, el señor Patissot, un funcionario solterón y egoista que se estrella continuamente en su afán de disfrutar de la vida. La novela no tiene un argumento lineal, sino que cada capítulo viene a ser una aventura distinta del personaje, con cuyos “patinazos” el autor aprovecha para plasmar su crítica social y dejar en paños menores las costumbres y formas de hacer del francés medio. Una delicia de novela.

Entre las novelas de evasión que me llevé de vacaciones se encontraba “La mujer del camarote 10”, una de las novedades de intriga más recientes, escrita por la escritora inglesa Ruth Ware. Buscaba un libro de entretenimiento, de esos que te cogen la atención y para este fin ha servido. La novela tiene un aire que te recuerda a “La chica del tren”, aunque su calidad anda unos peldaños por debajo del exitoso relato de Paula Hawkins: la novela está mucho menos elaborada. Opino que el primer problema del  libro se encuentra en su excesiva extensión: 352 páginas para una narración que pienso no daba para tanto. Los dos primeros tercios del relato están logrados: la presentación de personajes, muy al estilo Agatha Christie, el planteamiento de la trama y el desarrollo del argumento están bien hechos y se leen con agrado. El problema aparece cuando la autora alarga en exceso el desenlace, tanto que supone una tercera parte del libro. Este tramo final me ha parecido lioso y reiterativo, carente del climax propio del género y con el tradicional desenlace sorpresa en el que Ware pienso que no ha medido los tiempos. Como material para pasar el rato está bien, pero ni siquiera me parece una novela destacable dentro de un género tan ligero como la novela de intriga de ocasión … y tómese nota de que no hablo de género policial porque en este caso no hay policías entre los protagonistas.

No sabría decir donde descubrí, no hace mucho, un libro que me llamó la atención: “Los niños perdidos”, un breve trabajo de menos de cien páginas escrito por Valeria Luiselli, escritora mejicana que actualmente reside en Nueva York, donde trabaja de traductora en la corte migratoria de dicha ciudad en materia de defensa de niños emigrantes. Y de ésto habla el libro, del complicado proceso legal del que depende el futuro de unos niños que han llegado a USA procedentes de El Salvador, Honduras, Guatemala, … por los más complejos y dramáticos medios. Para explicarnos su experiencia al escuchar las vidas y desventuras de estos niños, Luiselli se basa en las cuarenta preguntas que se les hacen cuando comparecen ante la Corte. De ahí saca el material para relatar -y denunciar- situaciones realmente duras e injustas. A veces la lectura se hace reiterativa, pero vale la pena aguantar hasta el final, pues se trata de un testimonio no solamente interesante, sino también aleccionador y capaz de despertar nuestras confundidas y a veces contradictorias conciencias “occidentales”.

Conocida es mi afición por los ensayos sobre la transición española. En esta dirección tome nota de "Memorial de transiciones", escrito por Juan Antonio  Ortega y Díaz Ambrona, letrado del Consejo de Estado nacido en 1939 y que vivió los años del llamado "tardofranquismo" y la propia transición casi siempre entre bastidores, aunque  llegó a ocupar sillón en el Consejo de Ministros de Suárez -cartera de Presidencia- y Calvo Sotelo -Educación-. Había visto el volumen en las librerías, aunque lo que me empujó a leerlo finalmente fue una entrevista radiofónica de Ana Palacio, quien fuera Ministra de Asuntos Exteriores con José María Aznar. No se trata de una lectura exclusiva de vacaciones, pues la extensión de libro -700 páginas,sin contar índices finales- ha supuesto una larga compañía mutua desde febrero, Me han parecido unas memorias muy ecuánimes y bien desarrolladas. Aunque el autor nos habla de su infancia y juventud, el meollo del texto gira en torno a la segunda mitad de la dictadura franquista, los extertores de ésta y los primeros años de transición. Ortega, miembro en su día de Izquierda Demócrática -partido democristiano encabezado por Joaquín Ruiz Jiménez y del grupo Tácito, se centra mucho en el fracaso inesperado de la Democracia Cristiana en las primeras elecciones democráticas de posguerra, cuestión de gran interés; el autor se centra en las vicisitudes de los distintos grupos de esa ideología, los "egos" de sus líderes y las razones del frustrante desenlace. También son de interés los relatos de la crisis de 1969, de los años de presidencia de Arias Navarro y, por supuesto, del nacimiento de la UCD en torno a Adolfo Suárez y la evolución de la izquierda.Creo que apenas cae en la egolatría que existe a veces en las memorias y que ofrece una versión con novedades en relación a lo mucho que se ha escrito sobre el tema.

En el blog "Elemental", excelente rincón de novela negra de la sección digital del diario "El País", su "alma mater", José Carlos Galindo, propuso a primeros de julio  un lista de nueve thrillers para leer en verano. Los división en tres grupos: "los de siempre", "clásicos y poderosos" y "en el  reino de los espías". Entre los segundos me llamó la atención "Visitation Street", primera novela importante de la norteamericana Ivy Pochoda. Como el propio Galindo comenta, se trata de una novela "inclasificable", que tanto puede pasar como thriller que como drama neoyorquino ... existe cierta intriga que se descubre al final, pero no es lo más importante. La novela es, fundamentalmente, una historia dura ambientada en el barrio obrero de Red Hook, en la costa neoyorquina, cerca de Brooklyn, de la bahía donde van a parar las aguas del East River. Es una novela llena de personajes sorprendentes, cuya psicología nos muestra muy bien la autora, quien nos habla de vidas duras, de diferencias económicas y raciales, de tráfico de drogas, familias rotas, ... Es como una especie de preparación para el múltiple desenlace final, que no es explosivo, sino una demostración de como puede sacarse ternura y esperanza entre gente que vive en contenedores, personas con traumas interiores, venta de marihuana y de crack y pobreza evidente. Ivy Pochoda consiguió con esta novela ser la más vendida en Amazón en 2013 y ahora es publicada en español a todo plan.

Precisamente en la misma entrada del blog "Elemental" a que hacía referencia en mi anterior reseña, se incluía entre los thrillers recomendados la primera incursión en el género de la escritora norteamericana Tawni O'Dell, mención que despertó en mi mente el recuerdo de sus primeros relatos que había considerado hace tiempo como posible lectura, "La fiebre del carbón". Fue sin duda una suerte este chispazo de la memoria, pues me ha descubierto una buena narradora contemporánea. "La fiebre del carbón" está ambientada en la frecuentemente olvidada USA pobre, un pueblo minero del estado de Pennsylvania donde treinta años después aún perdura el recuerdo de una trágica explosión que acabó con la vida de más de cien personas. El protagonista es el hijo de uno de esos muertos y regresa al lugar para trabajar como ayudante del sheriff mientras trata de superar los dramas que arrastra del pasado y un secreto que viene a ser como la intriga del relato, aunque se desvela mediada su lectura. Buena ambientación y personajes de carne y hueso.Habiendo buen tono literario, viene bien encontrarse con esa América ausente de glamour, con más alcohol, polvo y sudor que brillo y dólares. A ratos me ha perecido de ritmo irregular, aunque nunca se sabe si esto es problema de quien escribe o de quien lee. Una nota sin duda positiva es que me ido gustando más conforme avanzaba la segunda mitad de la narración. Toca a esperar si  O'Dell luce también en la intriga.

Entre las novedades literarias aparecidas en torno al inicio de este verano, me llamó la atención de manera especial "El fantasma del rey Leopoldo", un ensayo histórico escrito por el profesor universitario neoyorquino Adam Hochschild. El libro, publicado por vez primera hace casi veinte años y reeditado ahora por la innovadora editorial "Malpaso", relata con detalle la vulneración de derechos humanos ocurrida en el Congo entre finales del siglo XIX y principios del XX por la codicia del rey Leopoldo de Bélgica. Se trata de un estudio minucioso, cargado de datos y documentación, de como la ambición surgida por la explotación del marfil y, fundamentalmente, del caucho dio lugar a un auténtico genocidio que, en opinión del autor, ha tenido una trascendencia histórica mucho menor que otros de parecidas consecuencias. Estamos ante un estudio pormenorizado, que se remonta a las primeras exploraciones realizadas por el mítico Henry Morton Stanley -bastante desmitificado aquí, por cierto- y va explicando el modo en el que el monarca belga terminó considerando el Congo como una propiedad personal. Hochschild nos cuenta detenida y detalladamente los tremendos abusos sufridos por los aborígenes -azotes, amputaciones, asesinatos, ...- que derivaron en una auténtica situación de esclavitud. Junto a ésto, también se nos cuentan la admirable actuación de una serie de personas que se dejaron su prestigio, su salud y en algún caso hasta sus vidas para denunciar la situación y defender los derechos de los habitantes del Congo. Una lectura tan apasionante como cultivadora.

30 de agosto de 2017

Un esforzado del toreo


El pasado 26 de agosto falleció en Madrid a la edad de 68 años el matador de toros albaceteño Dámaso González. Durante mucho años, en especial en las décadas de los 70 y 80, el dietro fallecido ocupó lugares de privilegio en el escalafón taurino. Albacete, ubicada en lugar privilegiado de La Mancha, ha sido cuna de toreros de cierta importancia, como Pedro Martínez "Pedrés", Juan Montero, Manolo Amador o Manolo Caballero, entre otros, pero ninguno llegó tan lejos como Dámaso González, sin duda el mejor torero de la historia taurina albaceteña.

No fue González un torero de adornos y fuegos artificiales, lo suyo fue la sobriedad, la constancia, la exigencia. Todos los críticos que han valorado su figura con motivo de su adios, han coincidido en especificar dos valores imprescindibles en cualquier buen torero que se precie y que Dámaso tenía en plenitud: valor y temple. La combinación de ambos hicieron cuajar un matador que dominaba a sus contrincantes, que trabajaba con esmero y esfuerzo cada toro y convertía en auténtico todo lo que hacía. El torero fallecido compartió gloria con matadores de la talla de Francisco Rivera "Paquirri", José Mari manzanares (padre), Pedro Moya "Niño de la Capea", Paco Ojeda y Juan Antonio Ruiz "Espartaco". Sin duda, fue uno de los destacados de una excelente y larga época taurina.

Recuerdo que Dámaso González, que en sus inicios respondía al apodo de "Curro de Alba", tuvo una aparición arrolladora en las novilladas de  finales de los años 60. En la plaza de la Misericordia de Zaragoza recuerdo unas cuantas actuaciones triunfales compartiendo cartel con Gregorio Lalanda, un entonces ya veterano novillero, sobrino de Marcial Lalanda, que vivía tiempos de cierto resurgimiento y del también albaceteño Julián García, un torero tremendista, que llegaba a dar muletazos sentado en el llamado "pase del reclinatorio". Luego tomar´çia la alternativa el día de San Juan en Alicante, con "Miguelín" de padrino y "Paquirri" de testigo, confirmándola en Madrid durante la siguiente Feria de San Isidro, en presencia de "El Viti" y Miguel Márquez.

El diestro manchego no era muy alto, y se le achacaba cierto desaliño, al llevar frecuentemente la corbata ladeada. Pero ni la estatura ni la situación de la corbata fueron óbice para que se convirtiera en uno de los grandes matadores de toros de nuestro tiempo. Hombre sencillo y cabal, ausente de todo divismo y asentado en la vida, su desaparición ha sido sinceramnete sentida por todos. descanse en paz.

29 de agosto de 2017

Los caprichos excesivos del presidente Macron


No cabe duda de que el todavía reciente presidente de Francia es un personaje peculiar. Su triunfo fue una sorpresa notable, y sin despreciar sus propuestas concretas ni su posible valía personal, da la impresión de que en su triunfo electoral influyeron bastante tanto el desprestigio de los partidos tradicionales como el miedo a un posible éxito de los populistas que encabezaba Marine Le Pen. No ando muy al día de la actualidad política gala, pero últimamente he leído que su popularidad ha caido muchísimo desde que el 14 de mayo entrara a ocupar las habitaciones principales del Palacio del Elíseo.

Sin duda, poco habrá ayudado a crecer su prestigio entre los franceses la noticia publicada recientemente de que ha invertido 26.000 euros en maquillaje. Cuesta creer que pueda ser cierta tamaña inversión en la propia "belleza", pero de ser así entiendo que estamos ante algo más que un exceso en el cuidado de la propia imagen, y que semejante gasto es injustificable. A la hora de plantearme qué puede haber movido a Enmanuel Macron a invertir miles de euros en colonias, peluqueros, cremas, potingues, etc no se si pensar que se trata de una mera inconsciencia, un descuido ... lo que no es bueno porque mal asunto es que el presidente de una de las potencias europeas no controle estas cosas; tal vez sea una frivolidad, lo que no añade disculpa ... o piense que le corresponde, lo que sería peor.

18 de agosto de 2017

Dolorosa barbarie


El atentado cometido ayer en Barcelona nos ha estremecido a todos. Afortunadamente aún somos capaces de unirnos en el dolor y en la solidaridad. Siempre habrá quien intente sacar rédito político al drama del terror, y hasta quien aparente disimular el alcance de lo ocurrido con términos que pueden sonar a equívocos. Pero por encima de todo ha prevalecido la reacción serena, algo asustada y, por encima de todo, humana ... porque a partir de hoy y por culpa de unos ciegos fanáticos habrá quien vea cambiada su vida y alterada, sino suprimida, su sonrisa.

Pero la vida sigue y a quienes quedamos vivos nos queda la obligación de continuar con lo nuestro, seguir creyendo en esos valores que cada cual considera importantes y hacer de tripas corazón. Porque olvidar, pienso que ni podemos, ni queremos ni debemos. Eso sí, al ver las tremendas imágenes de la desolación de tantas personas, eme planteo que  debería sernos mas sencillo, ... más necesario, comprender a todos, superar barreras y dar siempre la mano. 

4 de agosto de 2017

Uno de los ídolos de "entonces"


La muerte de Ángel Nieto no supone solamente el adiós de un gran deportista, un piloto de motociclismo con la maleta llena de títulos mundiales. Con Ángel Nieto desaparece un pionero del deporte español, uno de los pocos héroes deportivos de aquéllas viejas épocas de escasez de éxitos españoles. El piloto zamorano fue, junto a nombres como Santana y Orantes, Mariano Haro, Paquito Fernández Ochoa, ... uno de los pocos españoles que reinaron a nivel mundial en los años 60 y 70 en los deportes individuales.

Angel Nieto ganó su primer campeonato del mundo en 1969; a partir de ahí consiguió un total de trece títulos mundiales ... aunque a él le gustaba más bien hablar de "doce más uno". Seis de ellos los consiguió en la prueba de 50 cc, mientras los otros siete lo fueron con motos de 125 cc de cilindrada. Sus primeros éxitos los obtuvo con motos de fabricación nacional -Derbi y Bultaco-, aunque también subió al podium de los mejores militando en Kreidler, Morbidelli y Garelli. En aquéllos años -el último título lo obtuvo en 1984- hablar de motos era hablar de Angel Nieto. Su melenilla corta, su voz más bien aflautada, su hablar pausado y su seguridad y valentía a caballo de una moto eran paisaje habitual de todo tipo de programas televisivos. 

Eran años en que alcanzar un título mundial era una auténtica hazaña para un español. Y aunque en deportes de masas como el fútbol y el balon-cesto teníamos ídolos indudables -Amancio, Iríbar, Gárate, Marcial, Buscató, Luick, Brabender, ...-, quien más quien menos era consciente del mérito de este hombre que había salido de la nada, pues creció en una familia zamorana que emigró a MAdrid en busca de trabajo, instalándose en un chabola de Vallecas. A Nieto el ruido de los motores y la velocidad a dos ruedas le llamó desde pequeño, comenzando a materializar sus sueños trabajando de aprendiz en un taller madrileño.

Ángel Nieto no fue el único piloto de motos predestinado a llegar al máximo en este tipo de competiciones. El mismo año en que Nieto ganaba su primer mundial, fallecía en un terrible accidente en el trágicamente famoso circuito de la británica Isla de Man Santiago Herrero, un madrileño de 27 años que comandaba la clasificación del mundial de 250 cc. Herrero era la gran esperanza española del motociclismo,  y  el dolor de su desaparición fue compensado con la aparición de Nieto, que precisamente a partir del accidente de su compatriota. inició su escalada en la clasificación de su categoría hasta proclamarse campeón del mundo.

Durante más de una década el piloto fallecido fue el indiscutible rey de las categorías inferiores. Fue un auténtico pionero, y sin él hubiera sido muy difícil que en los años posteriores otros pilotos como Sito Pons, Alex Criville, Dani Pedrosa, Jorge Lorenzo, ... alcanzaran los máximos galardones en cilindradas superiores. Ángel Nieto ha sido, desde su retirada todo un símbolo de un deporte que no abandonó nunca y al que ha seguido "aferrado" como director deportivo, padre y tío de pilotos y comentarista periodístico. En Ibiza, inesperadamente, disputó su última carrera. Descanse en paz.



1 de agosto de 2017

Libros de julio


A lo mejor ha sido el calor, pero lo cierto es que en el recién concluido mes de julio he leido con bastante improvisación. Según iban surgiendo las ideas -o los caprichos- he ido cogiendo títulos que han sumado siete libros bien distintos. Los firmados por Echenoz y Mahfuz me han parecido francamente buenos, "La Soria de los sueños rotos", tan duro como interesante y los otros cuatro con virtudes y algún "pero". 

Una tarde-noche del último invierno entré en la sucursal de la Casa del Libro de la madrileña calle de Fuencarral. Una librería suele suponer, para algunos, un muestrario de tentaciones bastante difícil de rechazar. una vez más caí ebn la "trampa" y me encapriché, entre otros, de "Nosotros en la noche", una brevísima novela que se exhibía con el atractivo de un argumento lleno de ternura -el amor crespuscular de un viudo y una viuda de clase media baja de una pequeña localidad cercana a Michigan- y el hecho de tratarse del último libro escrito por su autor, Kent Haruf, quien lo inició sabiendo  que le quedaba poco tiempo de vida: de hecho falleció en 2014, el mismo año en que consta la edición del libro. Se trata de un libro grato de leer, emotivo, con una historia llena de ternura, sin nada de morbo y ausente de sobresaltos, aunque en cierto modo esperaba más del mismo. A pesar de que la propia contraportada de la novela deja claro que no pasa gran cosa, que Haruf solamente pretende reflejar una historia de soledad compartida y sentimientos en plena vejez, al acabar la lectura -128 páginas a doble espacio- me quedé con la sensación de que podía haber dado un poco más de sí.

"La Soria de los sueños rotos" es uno de esos libros de edición corta y a los que se da poca publicidad. Me llamó la atención una breve recensión que hace ya unos meses leí en "El Cultural" de los sábados de ABC y pude conseguirlo, no sin esfuerzo,  gracias a la profesionalidad de la Librería "Cálamo" de Zaragoza y a la bondad de una amiga. Su autor es Manuel Villar Raso, un soriano ya fallecido que fue profesor universitario en Granada. Dicho escritor no es precisamente  un novato en el mundo de la literatura, pues llegó a publicar unas veinte novelas, ganando varios premios literarios y llegando a ser finalista de uno de los más prestigiosos, el Premio Nadal. En el libro, editado por la Diputación de Soria y el Ayuntamiento de Olvega, nos habla en "modo ficción" de lo sucedido durante los tiempos de la República, guerra civil y primeros años de posguerra en esta última localidad, pueblo natal del autor. Villar Raso tiene una manera original de escribir, respetando los modos de hablar de la gente y contando lo acontecido de manera breve y directa, haciéndolo compatible con un lirismo que se pone de manifiesto describiendo ambientes y paisajes. Lo que se nos cuenta es muy duro, reflejando odios, asesinatos y miseria, aunque a la vez sabe ofrecernos los aspectos bellos de la vida, como la hermosa historia de amor de los dos personajes protagonistas, representantes de cada uno de los dos grupos sociales enfrentados. Un testimonio de una época convulsa de nuestra reciente historia que me ha gustado más de lo que llegué a pensar cuando me preocupé de conseguirlo.

Naguib Mahfuz  fue un escritor egipcio galardonado con el Premio Nobel de Literatura en 1988. Una de sus grandes obras fue la "Trilogía del Cairo", cuyo primer libro, "Entre dos palacios" leí hace unos años. Me pareció literatura de calidad, y aunque no fuera de fácil lectura, terminó gustándome mucho, a pesar de lo cual aún no he leído las otras dos entregas. Sí he tenido la ocasión de desquitarme de esa provisional omisión con "El día que mataron al líder", una novela mucho más breve ambientada en los días en que asesinaron a Anwar El Sadat, presidente del país, a quien por cierto Mahfuz no trata excesivamente bien. En capítulos seguidos y alternos se describen los relatos de un abuelo, su nieto y la novia de éste. El libro se convierte en un buen testimonio del estilo de vida y costumbres de Egipto, de las peculiariedades de la sociedad de ese destacado país árabe, con un tono de notoria crítica social y política. A la vez narra las desventuras amorosas de la pareja protagonista, cuya relación aparece condicionada por ancestrales rigores religiosos y sociales. El desenlace se relata en paralelo a la forma en que viven los tres personajes principales el atentado que costó la vida al entonces presidente egipcio. Novela para leer con calma y fijándose en los detalles y matices.

Jean Echenoz se ha convertido en uno de esos autores de cuyos nuevos trabajos estoy siempre pendiente. Forma parte sin duda de esa formidable generación de escritores franceses actuales y posee, entre otros, el pretigioso premio "Goncourt". Habían pasado por mis manos "Correr", "14" y "Capricho de reina", tres magníficas novelas, breves y bien escritas. Por esta razón no tuve ninguna duda en andar pendiente de la web de las Bibliotecas de Aragón para esperar mi turno de cara a poder leer su última obra, "Enviada especial". La espera y la paciencia han vuelto a valer la pena, por mucho que se trata de un relato de naturaleza bien distinta a los leidos hasta ahora, pues en esta ocasión se trata de una genial parodia, escrita con un estilo ágil y divertido, en el que, por medio de una estructura narrativa que en sus dos primeros tercios es un auténtico "puzzle", nos cuenta una historia chusca e increíble sobre una misión organizada por un supuesto general francés que envía a Corea del Norte a una audaz y engañada espía con los procedimientos más sorprendentes e hilarantes que quepa imaginar. Una lectura divertida, que debe efectuarse con calma para empaparse de una historia francamente divertida, ocurrente y paradójica.

Amelie Nothomb es una escritora belga muy fecunda: desde 1992 no ha pasado año sin publicar una novela. Todas las opiniones que había escuchado sobre ella habían sido muy positivas, por lo que al ver presidir las novedades editoriales de mis librerías de cabecera su último trabajo,  "El crimen del conde Neville", pensé que era la ocasión de leer por primera vez a esta autora. Con esta novela me ha pasado algo muy curioso, y es que mi amigo Brunetti, uno de los lectores de "reconocido prestigio" que me  había hablado con entusiasmo de Nothomb, la compró a instancias mías y la leyó antes, informándome que en esta ocasión el libro le parecía más bien intranscendente. No deja de ser una situación compleja comenzar una lectura con la opinión negativa de alguien en quien confías, y lo cierto es que no me ha parecido una novela imprescindible. Eso sí, leer "El crimen del Conde Neville" me ha entretenido, contiene diálogos divertidos y no he ahorrado alguna sonrisa ante un argumento tan poco creíble como superficial. Quedo a la espera de leer otras obras de la escritora para disfrutar de esos libros que por lo visto superan con creces éste.

En julio he seguido consumiendo producto nacional en materia de novelas policíacas. En esta ocasión la elección ha recaído en "Puerto escondido", novela escrita por la gallega María Oruña y publicada hace dos años por Destino. Un relato que, como "El silencio de la ciudad blanca" -comentada en mi anterior entrega literaria- nace con vocación de trilogía. Podriamos decir que estamos ante una novela de intriga modelo "Baztán", pues teniendo personalidad y argumento propio, su estructura y enfoque recuerda a la exitosa trilogía de Dolores Redondo. La trama está ambientada en Cantabria -Santander, Suances, Comillas, Santillana de Mar, ... aparecen a lo largo de la narración- y  la autora nos la cuenta, a través de capítulos alternativos, por medio de dos historias distantes en el tiempo -una en torno a las épocas de guerra civil y posguerra y otra en nuestros días- que como es lógico acaban entrando en conexión. La novela es entretenida, bien ordenada, sin que la alternancia de relatos haga perder ni el hilo ni el interés. Oruña no evita el tono "tremendo" de su relato y tiene la habilidad de incoar en la penúltima página cierto misterio para alentar el interés de la segunda entrega, que por cierto ya lleva varios meses a la venta. No obstante, calidad literaria solamente discreta.

Entre uno de esos interesantes artículos "aglutinadores" de libros que nos ofrece con frecuencia "Babelia" me llamó la atención hace un tiempo uno que recopilaba títulos de novelas ambientadas en Madrid, y entre ellos, ¡vete a saber la razón!, me llamó la atención "Saliendo de la estación de Atocha", una novela no muy larga escrita por el estadounidense Ben Lerner, un escritor que se autocalifica de poeta, pero cuya narrativa tiene bastante éxito, y que fue publicada en 2013 por "Literatura Random House". El librio nos habla de Adam Gordon, un joven de Providence que está becado en Madrid para realizar un proyecto poético, aunque en realidad lo que hace es vivir bien, fumar porros, tomar tranquilizantes y deambular en un ambiente despreocupado y bohemio. El relato desemboca en los atentados de Atocha del 11 de marzo de 2003 y todos los acontecimientos que se desarrollaron a partir de ellos, aunque pienso que no es el eje de la narración. Resulta interesante acompañar los recorridos del joven Gordon por Atocha, las calles de Santa Ana, Huertas, ... el Hotel Ritz, el barrio de Chueca o el restaurante "Zalacaín", entre otros lugares, incluyendo un caótico viaje a Barcelona. La novela me ha entretenido a ratos, aunque su lectura también ha tenido momentos de cierto bostezo.